Archive for the 'naturalistas historicos' Category

Enhorabuena, Juan Tebar

Andrés Rodríguez González Octubre 26th, 2009

Juan Tébar Carrera, nacido en Cádiz en 1966, ha sido elegido European Wildlife Photographer of the Year por la Gesellschaft Deutscher Tierfotografen. Fotógrafo Europeo de Vida Salvaje del año 2.009. Se trata de la máxima distinción del continente. Es el primer español que la obtiene. El día 23 de octubre recibió el premio en la localidad germana de Lünen. La imagen de un buitre leonado que se alimenta de los restos del interior de  una cabra muerta se ha seleccionado entre más de 7.000 instantáneas de 527 fotógrafos de 25 países.

Juan Tébar es autor de Las Aves de la Bahía de Cádiz; Sierra de Grazalema: Agua, Fuego, Tierra y Aire; Los Alcornocales,Parque Natural; Guadalquivir: el Río de la Vida; Andalucía Viaje al Asombro y Reserva de la Biosfera de Grazalema: XXX Aniversario, entre otros libros, y miembro de reconocido prestigio de la Junta Rectora de la Reserva de la Biosfera de Grazalema.

Gran amigo desde que nos conocimos cuando yo trabajaba en el Parque Natural Sierra de Grazalema, le ha pedido colaboración para ilustrar la página www.laserranianatural y siempre ha sido generoso.

Él sabe que me alegro infinitamente de sus éxitos, pero de todas formas es necesario decirlo: Enhorabuena Juan, te lo mereces, eres un genio.

La imagen que ilustra la entrada es un aguila perdicera alimentando a su pollo.

Naturalistas Históricos en la Serranía de Ronda: Juan Tebar

Andrés Rodríguez González Junio 1st, 2009

Naturalistas Históricos de la Serranía: Juan Tébar.

Es, sin duda, uno de los fotógrafos de Naturaleza más importantes de España y, en mayo pasado, tenemos la oportunidad de disfrutar de sus imágenes en una extraordinaria exposición montada en el Palacio de Congresos de Ronda.
Juan Tébar nace en Cádiz en 1966. Desde muy temprana edad se interesa por la fotografía de naturaleza, fue precisamente en su Cádiz natal donde inicia su carrera como fotógrafo ante la observación de las inmensas posibilidades plásticas que ofrecen las marismas y salinas de la Bahía de Cádiz, estuario al que está  intensamente unido sentimental y profesionalmente. El tratar de captar el aspecto en continuo cambio de las marismas, la luz que junto al agua modela los esteros, fueron su primera fuente de inspiración. Aquellas primeras imágenes siempre están presentes en su obra, cada vez que puede vuelve a realizar fotografías del estuario, imágenes que nunca son iguales, siempre busca algún nuevo matiz, a veces son las aves de la Marisma las que lo aportan, otras veces es la marea que al subir lo inunda todo, otras imágenes las obtiene desde el aire, a cierta altura, y en cada una es capaz de captar sutiles diferencias que a muchos nos pasarían desapercibidas. En la exposición montada en Ronda no podía faltar la Bahía de Cádiz, tenemos una preciosa imagen de los anárquicos esteros, imagen de una enorme fuerza tomada desde el aire para aproximarse a los detalles que, curiosamente, solo de lejos somos capaces de ver.


Otra fuente de inspiración extraordinaria para él es la Sierra de Grazalema, esos farallones rocosos que también le cultivan. Toda la Naturaleza le interesa, desde los paisajes marismeños hasta las montañas de la Sierra de Las Nieves. A veces es el pinsapar nevado, o un paisaje adehesado, otras los profundos surcos de un campo de cereales, una tormenta a punto de descargar, o un buitre dándose un banquete en el vientre abierto de una cabra. Pero no solo encuentra el contraste adecuado para  encauzar su pasión en zonas cercanas a su Cádiz natal, también ha buscado la belleza por los húmedos acantilados del Atlántico Norte y entre las aves marinas que los habitan. En su búsqueda de la perfección y la belleza plástica le han hecho viajar a  Irlanda del Sur, Escocia, Islas Orcadas, Islas Shetland, Islas Lofoten, Normandía y Noruega. Además ha tenido la oportunidad  de viajar a Kenia y Tanzania.
Juan nunca renuncia a una buena imagen si hay que aplicar tesón y técnica; siempre afirma que un buen trabajo fotográfico se gesta mucho tiempo antes de disparar la cámara, planificando al detalle la empresa fotográfica a realizar, de modo qué, no trunquemos los sutiles y delicados procesos de la Naturaleza, consiguiendo plasmar con la cámara la esencia misma de la vida.


Sus imágenes de fauna y flora salvajes escudriñan tanto el comportamiento único de las mismas como su sencilla belleza, haciendo especial hincapié en la acción. Pocos fotógrafos son capaces, como él, de captar los momentos precisos en los que un águila pascadora atrapa un pez, un Martín pescador se zambuye en el agua o una lechuza captura un ratón.
Desde 1985 ha obtenido importantes premios tanto a nivel nacional como internacional. Es autor de once libros con textos y fotografías originales. Ha fotografíado todos los carnívoros ibéricos y todas las aves de la Península. Incluidas otra de sus grandes especialidades, las aves marinas.
Ha recorrido el Parque Nacional de Doñana fotografiando sus amenazados linces ibéricos;  Asturias y Cantabria a través del Parque Nacional de Picos de Europa y la Reserva Nacional de Caza del Saja-Besaya; Covadonga; Galicia, desde la Costa de la Muerte, Cabo Vidio, Cabo Bustos, Estaca de Bares, Cabo Vilano, As Catedrais, Islas Cies, Islas de Ons, Onza y el Cangrejo; los Pirineos; el gran humedal de la Laguna de Gallocanta  y sus grullas invernantes; el Parque Regional de Gredos; las Dehesas de Extremadura y, por supuesto otras zonas más cercanas como la Laguna de Fuente de Piedra con sus flamencos, el Parque Natural Sierra de las Nieves, el Parque Natural de los Alcornocales, el Parque Natural Torcal de Antequera y el Acantilado y pinar de Barbate.
Fuera de España ha fotografiado la Fauna y paisajes africanos en Serengueti, Masai Mara, Parque Nacional de Nairobi, Lago Nakuru y Samburu.


De sus muchas exposiciones, si Juan Tebar tuviera que seleccionar una de ellas, eligiría la que realizó hace pocos años en el Museo de Ciencias Naturales de Madrid, quizás por ser el primer andaluz que allí ha expuesto.
Sus reportajes y fotos han sido publicadas en las mejores revista de naturaleza, desde National Geographic España hasta Quercus.
Recientemente ha expuesto en la Diputación de Cádiz al otorgársele el galardón de Personaje del Año en esa provincia.

Domingo de Orueta y Duarte

Andrés Rodríguez González Febrero 12th, 2009

Domingo de Orueta de Duarte
Existen individuos que marcan un hito en el conocimiento de determinadas materias, en el caso de la geología española dos personalidades destacan sobremanera, son Domingo de Orueta y Duarte y José Mac-pherson y Hemas. Desde el conocimiento puramente local, concretamente de la Serranía de Ronda, estos investigadores dieron las pautas necesarias para el desarrollo sistemático de la geología en Andalucía y toda la Península.

La Serranía de Ronda siempre ha atraido a visitantes ilustres, a viajeros románticos, simples turistas, paisajistas o investigadores. En este último caso, las dificultades que la estructura geológica de la comarca tiene, ha sido un atractivo importante para muchos de ellos. En 1.775 el irlandes Bowles viene a España para mejorar las explotaciones de Almadén e inspeccionar la minería del país. Ya retirado, visitó gran parte de la península y en su largo recorrrido llegó a Ronda, donde estudió la geología y las explotaciones mineras de la zona. Sus observaciones fueron publicadas en un libro titulado “Historia Natural de España”. En el siglo XIX el francés De Vernuil recorrió la Serranía y recopiló una excelente colección de fósiles, además publicó varios artículos sobre paleontología y sobre la constitución geológica de España y de la Serranía, en particular sobre la comunicación entre el Atlántico y el Mediterráneo.

Uno de esos personajes que quedó marcado profundamente por la Serranía fue Domingo de Orueta y Duarte. Según un curioso artículo de Pablo de Azcarate, sobre un viaje realizado de Málaga a Ronda junto a Fernando de los Ríos en 1.917; la familia Orueta vivía en el barrio de “El Ingenio” cerca del pequeño núcleo de S. Pedro de Alcántara, en la casa del director de la explotación agrícola que allí existía dedicada a fábrica destiladora de caña en otros tiempos y que, en ese momento, se utilizaba para la fabricación de alcohol.

Cuando les visita Azcárate, Domingo de Orueta estaba acompañado de su esposa y sus hijos Domingo y Manuel. Azcarate quedó impresionado por Orueta, al que describe textualmente como un tipo admirable, dinámico y bondadoso, que pasaba por ser el mejor conocedor de la Serranía y apasionado descubridor del platino en la zona.
Orueta y Duarte era hijo primogénito de Domingo de Orueta y Aguirre, había nacido en Málaga el 24 de Enero de 1.862, su madre se llamaba Francisca Duarte, tuvo cinco hermanos.

Orueta padre había sido educado en Inglaterra, donde le envió su padre en 1.846 junto a sus hermanos según la costumbre de la alta sociedad malagueña de la época, su objetivo era que realizará estudios mercantiles para hacerse cargo de las empresas familiares, pero a partir de un viaje realizado a Suiza en 1.858 se decantó por la geología y paleontología donde destacó especialmente. Fue el gran promotor de la cultura en Málaga, fundó la Sociedad Malagueña de Ciencias, publicó numerosos artículos sobre geología y paleontología de Andalucía, algunos en inglés y también tuvo interés por la entomología donde realizó estudios sobre la plaga de la Phylloxera, que destruyó las vides andaluzas a partir de 1.870 y fue una de las causas de la decadencia de Málaga a finales del siglo XIX.

Orueta y Aguirre era un lector insaciable, poseía una biblioteca de 2.200 volúmenes que a su muerte fueron donados por su hijo Ricardo a la Institución Libre de Enseñanza en recuerdo de la profunda amistad que unía a Domingo de Orueta con Francisco Giner de los Ríos.  En el siglo XIX los geólogos eran casi todos autodidactas, buscadores de rocas y minerales interesantes, como mucho llegaban a plantear hipótesis sobre estructuras y formaciones rocosas. Con los estudios de Orueta y Duarte, se marca un hito fundamental en la geología española y precisamente se hizo con un libro sobre la Serranía de Ronda.

Domingo de Orueta y Duarte (1.862-1.926), conocido familiarmente como “Chomin”, realizó estudios perito químico en Málaga ampliados con una sólida formación en Inglaterra. En 1.880 inicia estudios de ingeniería de minas en Madrid que finaliza con el número uno de su promoción en 1.885. Sus primeros estudios los realiza sobre el terremoto de Málaga de diciembre y enero de 1.884 y 1.885, junto a uno de los que él consideraba sus maestros José MacPherson pronuncia una conferencia en la Sociedad Española de Historia Natural donde proponen la teoría de que los daños causados por los sismos están relacionados con las fallas tectónicas, se adelantaron así 20 años a las teorías del geólogo norteamericano Williams H. Hodss.

Inicia su actividad profesional en la Ferrería Heredia de Málaga al año siguiente de terminar sus estudios de Ingeniería, la decadencia de la siderurgia malagueña le obliga a buscar trabajo en las minas de León, en 1.887 ingresa en el cuerpo de Ingenieros de Minas donde obtiene un destino como profesor en la escuela de capataces de Mieres que ejerce hasta que se traslada a Madrid en 1.913. Funda una fabrica de forja en El Llano de Gijón que proporciona a Domingo de Orueta la independencia económica suficiente para poderse dedicar a la investigación y al desarrollo de las técnicas microscópicas para la identificación de minerales; con sus estudios, los geólogos pasan a ser científicos que trabajan con una metodología que no es ya la busqueda al azar, sino que planifican un trabajo, manejan bibliografía adecuada, muestrean en el campo, llevan el material a analizar en el laboratorio y sacan conclusiones. En definitiva, utilizan el método científico. Orueta y Duarte fué pionero también en el uso de la fotografía a color para ilustrar las publicaciones.

Portada libro “Estudio geológico y petrográfico Serranía de Ronda”. Madrid 1.917

El 1.913 inicia una investigación geológica sobre la Serranía de Ronda, para ello tuvo que solicitar el correspondiente permiso en la escuela de capataces y pagar a un profesor sustituto de su bolsillo. Sus estudios le permiten identificar que la gran masa magmática presente en la Serranía es de rocas peridotitas y ya que en los Montes Urales existía platino asociados a ese tipo de rocas, “Chomin” esta casi convencido que en la Serranía también debe haber platino. Nuevas campañas en 1.914 y 1.915 con elaboración de mas de 500 preparaciones microscópicas, sondeos de aluviones y recolección de arenas, junto a un intenso y meticuloso trabajo de laboratorio dieron el libro “Estudio geológico y petrográfico de la Serranía de Ronda” en el que entre otras muchas cosas detalla el descubrimiento de platino en la sierra. Libro de 567 páginas, 4 mapas, 16 láminas a color y 51 microfotografías cuya publicación en 1.917 le aporta el reconocimiento nacional e internacional de su categoría científica con distinciones como doctorados honoris causa, académico de varias academias españolas, director del Instituto Geológico de España y muchas otras. De su categoría humana y generosidad da prueba la cesión que hizo al Estado de la posible explotación del platino en la Serranía de Ronda. Como reconocimiento a su investigación, el geólogo Santiago Piña de Rubíes dio el nombre de “Oruetita” a un mineral descubierto por nuestro personaje en su investigación sobre la Serranía.

Además de su capacidad de trabajo y sus dotes de observación, cosas absolutamente fundamentales para un científico, a Orueta le favorecían algunas circunstancias especiales como el ambiente relacionado con la Geología que se respiraba en su casa y el hecho de haber acompañado en multitud de ocasiones a su padre, Domingo de Orueta y Aguirre y a su amigo MacPherson, en sus excursiones científicas por la Serranía; tenía pues a favor, el ambiente familiar, los conocimientos geológicos, paleontológicos y de microscopía paternos y un magnífico dominio de los caminos y escasas comunicaciones de la Serranía de Ronda.

Domingo de Orueta y Duarte fue profesor de la Institución Libre de Enseñanza; publicó gran cantidad de trabajos, sólo sobre microscopía escribio 26 trabajos científicos siendo su obra cumbre en este tema el libro “Microscopía. La teoría y manejo del microscopio” que fue prologado por Santiago Ramón y Cajal, amigo personal de Orueta.

Además de sus conocimientos científicos poseía una enorme cultura humanista y artística, hablaba inglés, alemán, francés e italiano. Una de sus especialidades era el mundo egipcio, fruto de esa afición, en verano de 1.924, viajo a Egipto donde conoció a Howard Carter, el descubridor junto a Lord Carnavon de la tumba de Tutankamen. Domingo invitó a Carter a dar unas conferencias en España a lo cual accedio, la primera de las cuales fue en la Residencia de Estudiantes, a ella asistieron los reyes de España.

Murió en Madrid el 15 de Enero de 1. 926

Macpherson

Andrés Rodríguez González Septiembre 24th, 2008

Personajes y Naturalistas Históricos

José Macpherson y Hemas había nacido en Cádiz, el 15 de Junio de 1839, su padre Donald Macpherson llegó a Cádiz desde Escocia en 1814. En Cádiz se caso con Josefa Hemas Martí, de padre de origen valenciano, tuvieron 11 hijos de los que José hacia el último. A causa de la represión antiliberal la familia Macpherson se instala en Gibraltar en 1.821 o 1.822, allí nacieron siete de sus hermanos. Cuando la situación política mejoro para los liberales, Daniel (Donald) Macpherson regreso a Cádiz y fundó su propio negocio. Su madre murió a las dos semanas posiblemente por problemas del parto, su padre dos años después, el hijo primogénito, de nombre Daniel tuvo que  sacar a delante a sus muchos hermanos. Su hermana Catalina que entonces tenía 17 años actúo como una verdadera madre para nuestro protagonista. Parte de sus estudios, José, los realizó  en Gibraltar donde hubo de desplazarse cuando los movimientos políticos antiliberales le obligaban a ello. José estuvo especialmente relacionado toda la vida con sus hermanos Guillermo, nacido en Gibraltar en 1.824 y que era de tendencias liberales y evolucionistas que siempre tuvo una gran influencia sobre el geólogo y con Catalina, nacida un año antes que Guillermo también en Gibraltar. José no mostró nunca el menor interés por los negocios familiares, tanto es así que cuando su hermana Catalina se casa en Madrid con Diego Fernández Montañés en 1.855 le proporciona trabajo en los negocios de su marido llevándose, unos años después, a José vivir con ellos a Madrid; dos años después abandona el trabajo. José vuelve a Cádiz en plena crisis económica del 1.866. Es en esa época cuando se despierta su vocación geológica, sin duda influido por Domingo de Orueta y Aguirre, también por su hermano Guillermo que era cónsul británico en varias ciudades españolas entre ellas Sevilla, donde debió conocer a Antonio Machado (abuelo de los poetas).  En 1.869 se afilio a la masonería. Entre el año 1.869 y 1.871 viajó a Europa para estudiar diversas ciencias relacionadas con la Geología; la desahogada situación económica de la familia permitió a José hacerse un curriculum a su gusto, pudo, así, completar su formación en el extranjero donde estudio con los mejores especialistas de la época en geología de campo y en la teórica.
Hasta la revolución del año 1.868 no se dieron las condiciones de libertad ideológica y estabilidad política necesarias para el desarrrollo científico en España, el 1.871 se funda la Sociedad Española de Historia Natural (S.E.H.N.) en la que un año después Guillermo y José Macpherson entran a formar parte. Fruto de sus relaciones científicas con Antonio Machado y Núñez fue su primera publicación titulada “Método para determinar minerales” publicado en Sevilla en 1870. Tres años después publica en su ciudad natal el estudio “Bosquejo Geológico de la provincia de Cádiz” con un resumen en inglés que le permite una amplia difusión entre los especialistas extranjeros. Su proyección internacional y el reconocimiento de la comunidad científica fueron de desde ese momento un hecho indudable. Realizó interesantes publicaciones de carácter científico sobre petrográfica, geotécnica y paleogeografía en la Serranía y en otras regiones alejadas de ella que permitieron tener las primeras ideas de síntesis sobre la formación y constitución de la Península Ibérica.


En 1.874 recorrió la Serranía de Ronda acompañado de Domingo de Orueta y Aguirre y su hijo Domingo de Orueta y Duarte, que posteriormente seria alumno de José en la Institución Libre de Enseñanza (ILE).
Cuando en el año 1.875 es deportado Giner a Cádiz, José Macpherson inicia la colaboración con él. Se ejercen nuevas represiones ideológicas en la enseñanza y, como reacción a ellas, se crea la I.L.E.. Ese mismo año, en la S.E.H.N. presenta el trabajo “El origen peridótico de la Serpentia de la Serranía de Ronda” que al año siguiente es traducido al inglés. Sus inquietudes científicas no se limitan al campo de la Geología. Junto a su hermano Guillermo y a Machado fue un activo defensor de las ideas de Darwin y Haeckel, un personaje, este último, mas darwinista que el mismo Darwin y creador del término “ecología” tan de moda actualmente.
Entre 1.877 y 1.881 es la época más fecunda de Macpherson en cuanto a publicaciones y actividad investigadora. En 1.879, en uno de sus múltiples viajes por la geografía española conoce en Galicia a la escritora Emilia Pardo Bazán, con quien mantuvo excelentes relaciones el resto de su vida. Otro de los temas apasionantes para Macpherson fueron los terrenos arcaicos españoles, también destacó en los estudios de la química de los minerales, el matamorfismo y la formación de montañas En 1.879 colabora en al Comisión del Mapa Geológico, concretamente en la elaboración del mapa de la provincia de Sevilla.


En su actividad docente e investigadora, en 1.883, creo una casa laboratorio en la Castellana de Madrid donde se formaron gran cantidad de geólogos.
Otra de las grandes aficiones de José fue la fotografía, tanto la petrográfica como la paisajística. El 25 de diciembre de 1.884 ocurrió el hecho conocido como “El Terremoto de Andalucía” que causo 800 víctimas mortales. Macpherson participó en su estudio y organizó la misión francesa que se desplazo a Andalucía para su análisis.
En 1.901 publica un trabajo titulado “Ensayo de la Historia Evolutiva de la Península Ibérica”.
Sus métodos, enseñanzas y conocimientos le hacen ser considerado como uno de los padres de la moderna geología española. Y todo ello, sin tener nunca un título universitario ni dar clase en la Universidad, pero colaboró en la introducción de las técnicas de laboratorio en España y en el inicio de la petrográfia microscópica con la publicación en 1.870 del trabajo titulado  “Método para determinar minerales”. Además completó la estructura global del paisaje de Giner de los Ríos aportando la visión geológica del mismo y fue maestro de muchos maestros en el campo de la geología española además de contribuir didácticamente a los programas educativos de la Institución Libre de Enseñanza. Junto a Salvador Calderón, Francisco Quiroga y Domingo de Orueta y Duarte es considerado como pieza fundamental en la modernización de la geología española. Nunca fue un geólogo aficionado, era un científico que participó en Congresos Internacionales, publicó sus trabajos en varios idiomas y realizó excursiones científicas con los mejores especialistas en geología.
Un ejemplo claro de ello es un estudio ya clásico en la historia del conocimiento geológico de la Serranía titulado: “Memoria sobre la Estructura de la Serranía de Ronda” publicado en la Imprenta de la Revista Medica, Cádiz 1874; con la metodología descrita, explica la formación del Tajo de Ronda. Sus palabras son un modelo de que el rigor científico puede ser compatible con la fácil comprensión de la lectura por parte de neófitos en las ciencias geológicas; la belleza de la descripción y la comparación que podemos hacer con la realidad actual del Tajo y sus márgenes, nos hacen transcribir textualmente esta parte del estudio: “…Cuando por primera vez lo observé, creí contemplar restos de algún antiguo glaciar; pero lo gastado de los cantos en general, su evidente estratificación y los restos marinos que con frecuencia se encuentran, me hicieron cambiar de parecer y me inclino a creer sea más bien un deposito litoral en el fondo de aquella bahía en donde se acumulaban los detritus que de esa parte de la Serranía acarreaban los antiguos torrentes. Este deposito, gracias a los permeables elementos de que esta compuesto y a la gran cantidad de carbonato de cal que las aguas que descienden de esa sucesión de montañas calizas traen en disolución, se halla tan fuertemente cementado pos esa sustancia, que constituye en general una roca en extremo coherente, y a esta particularidad se debe, en mi juicio la esencial estructura del Tajo de Ronda.  Al salir el río Guadiaro del estrecho y salvaje desfiladero en que lo aprisionan las sierras de Parauta y de la Gialda (en la actualidad Hidalga), entra en los poco resistentes depósitos Numulíticos y Terciarios, por donde se abre un ancho y apacible lecho. De esta manera corre el río unos cuantos kilómetros, hasta que encontrando esa tenaz y resistente formación que recubre los depósitos terciarios, la socava quedando otra vez aprisionado entre las paredes verticales como al cortar la serie de calizas secundarias en la sierra de la Gialda. Así atraviesa la ciudad de Ronda, hasta que cortada toda esa formación, vuelve a penetrar en los deleznables depósitos Terciarios.             Al llegar por segunda vez a estos depósitos, de nuevo los desgasta con facilidad suma, destruyendo al mismo tiempo la parte que constituye la base del conglomerado superior. Socavados gradualmente sus cimientos, se desploma por falta de suspensión la coherente roca en espantosa ruina, dando al Tajo ese sorprendente aspecto que presenta cuando se le ve desde el valle.             Por un medio kilómetro viene el río encallejonado entre las verticales paredes de la angosta brecha que divide a la ciudad de Ronda en dos porciones. Esta brecha que tiene cerca de ochenta metros de profundidad termina de una forma un tanto brusca. De repente se encuentra el conglomerado cortado a pico y en lo mas profundo del valle aparece la formación Terciaria. El río salva esta colosal ruina de mas de cien metros de elevación en una serie de bellísimas cascadas, hasta que penetrando otra vez en los blandos depósitos Terciarios corre apacible por el ameno valle cubierto de árboles frutales que es el principal adorno de la ciudad de Ronda… “.
Como vemos, es mucho más simple que lo que nos han contado tantas veces con terremotos y otras fantasías, se trata de erosión pura y dura del río Guadalevín o Guadiaro, como le llama Macpherson, sobre materiales geológicos de diferente dureza.


Pabellón Macpherson, en la ILE

Las fotos que ilustran el texto han sido cedidas por el Colectivo Cultural Giner de Los Ríos, de Ronda.

¿Quien descubrio el pinsapo, Boissier o Clemente Rubio?.

Andrés Rodríguez González Enero 5th, 2008

 Simón de Rojas Clemente Rubio ó Charles Edmond Boissier, ¿Quién fue el descubridor del Pinsapo?.

  Por Andrés Rodríguez González.

Según referencia bibliográfica de García Guardia (1), Simón de Rojas Clemente y Rubio perdió la herborización realizada en su “viaje por la Serranía de Ronda y de sus observaciones hechas en el reino de Sevilla en 1.807, 1.808 y 1.809…” como él, otros autores sobre flora andaluza recogen las palabras textuales del botánico más ilustre de comienzos del siglo XIX,  Mariano de Lagasca y Segura que sufrió la destrucción de “lo más selecto de mi herbario y biblioteca y lo que es más, todos mis manuscritos, fruto de treinta años de observaciones”(2). En efecto, la brutal represión desencadenada por Fernando VII en Madrid, extendió por toda España el ambiente antiliberal y anticientífico; en Sevilla el 13 de Junio de 1.810, las turbas arrojaron al río Guadalquivir casi todo el conocimiento botánico de la época en forma de herborizaciones y de notas científicas del gran Lagasca, pero, contrariamente a lo que se ha pensado durante doscientos años, el material de Simón de Rojas no desapareció en el Guadalquivir, ha permanecido donde se depositó, en el Real Jardín Botánico de Madrid. El error parte de las palabras de Lagasca que escribió “…Sevilla es el sepulcro de varias producciones útiles de ciencias naturales. Allí perdió Clemente el resultado de su viaje por la Serranía de Ronda…”. Desde entonces hasta el año 2.002, los investigadores han seguido estas palabras textualmente y se ha dado por desaparecido un material que estaba en el Archivo del Real Jardín Botánico de Madrid a disposición de quien quisiera estudiarlo, apilado en ocho gruesos tomos encuadernados en pergamino(3).

 

Es muy posible que en el Guadalquivir, además del material y las notas de Lagasca, también desapareciera un material conjunto que se sabe que estaban preparando Lagasca y Simón de Rojas y del que nunca se volvió a saber, (según Comunicación Personal de Antonio Gil Albarracin). 
Se ha pensado que la primera descripción del pinsapo la debió realizar Simón de Rojas en su viaje a la Serranía de Ronda y Grazalema en 1.809, así lo creen Calera y Montilla (4), en su estudio sobre el Pinsapar de Grazalema. Imposible que a una persona tan meticulosa, trabajadora y concienzuda como Simón de Rojas se le escapara la presencia de un árbol tan llamativo como el pinsapo. Calera y Montilla también citan en su trabajo que Simón de Rojas inicio en la materia al boticario malagueño Felix Haenseler que junto a su discípulo Pablo Prolongo, mostraron ramitas de pinsapo de sus herbarios a Boissier, cuando en 1.837  visitó Málaga.
¿Pero quien fue este casi desconocido Simón de Rojas Clemente Rubio (1.777-1.827)?.
Viajero incansable y científico emprendedor, gustaba de usar atuendos árabes, por lo que popularmente se le conocía como “el sabio moro”. Había nacido en Titaguas (Valencia) en una familia numerosa y modesta. Inicio estudios eclesiásticos en Castellón doctorándose en Filosofía y Teología en Valencia. Destacó por su inteligencia y su facilidad con las lenguas, llegó a dominar el griego, el árabe y el hebreo. Pronto abandonó la carrera eclesiástica y se orientó hacia la Historia Natural y la Botánica. Sus aficiones científicas se incrementaron cuando en 1.800 se instala en Madrid y entra en contacto con el Jardín Botánico. Con su discípulo de árabe Domingo Badia Lelich (de apodo Alí Bey) inicio un viaje por el sur de España, pronto el discípulo pasa al norte de Africa en un viaje de espionaje sufragado por Godoy, que, en compensación, encargó a Simón de Rojas que escribiera la Historia Natural del Reino de Granada, con especial atención a la explotación de los recursos naturales; el estudio lo inicio en 1.804 y continuo con diversos altibajos hasta 1.809; el trabajo que se debió publicar nunca fue terminado por avatares políticos y los cuadernos de campo elaborados detalladamente por Simón de Rojas han pasado a imprenta en el año 2.002.
En 1.805 Clemente Rubio fue nombrado bibliotecario del Real Jardín Botánico de Madrid, posteriormente se traslado a Andalucía para enseñar Agricultura en el “Jardín Experimental y de Aclimatación de La Paz”, creado en Sanlucar de Barrameda por Godoy y que fue destruido en la Guerra de la Independencia; entre 1.807 y 1.809 realizó estudios botánicos por las sierras de Sevilla, Málaga y la Serranía de Ronda. Estos diarios son los que se creía destruidos en Sevilla junto al material de Lagasca y han sido recuperados, estudiados y editados por Antonio Gil Albarracin (3).
El viaje por la Serranía de Ronda en 1809 lo inicia en Conil de la Frontera y concluye en Sevilla, tras haber pasado por lugares como Medina Sidonia, Alcalá de los Gazules, Ubrique, Benaocaz, Grazalema, Ronda, Yunquera, Carratraca, Álora, Cártama, Coín, Tolox, Júzcar, Cortes de la Frontera, Benaoján, Algodonales, El Coronil, y otros. Se incluyen descripciones extraordinarias y, como no podía ser de otro modo, escribe también de los pinsapos.
En estos cuadernos de viaje o de campo, son un modelo a la vez, de rigor y de frescura en las descripciones; en ellos, se aprecia una gran capacidad de trabajo, el uso de metodología científica en sus investigaciones con la consulta de toda la bibliografía existente y de los eruditos locales; describe las rocas, el magnetismo, la geografía, la minería, la agronomía, pero, además tomaba buena nota de la etnografía, la historia, las cuestiones sociales como el origen de la miseria de los pueblos y también, los modismos locales y hasta la estructura social. En general, todos los campos de conocimiento eran objeto de su curiosidad. Pero especialmente detalladas son las anotaciones botánicas que realizó. Su ritmo de trabajo era agotador, después de las marchas a lomos de caballerías, andando o escalando montañas, por la noche ordenaba el material recopilado para que nada de lo que había observado durante el día pudiera olvidársele.
Fue pionero en España en el empleo de la cámara oscura para el dibujo de paisaje directamente del natural. En el libro de Antonio Gil Albarracin se recogen algunos dibujos de la Serranía de Ronda, a destacar los de la Cueva del Gato, quizás estemos ante los dibujos de la cueva más antiguos de los que se tiene constancia.
En la cuestión que nos atañe, el pinsapo, encontramos varias referencias, entre las cuales se destacan las siguientes:
El día 28 de agosto de 1.809 visita los pozos de nieve de Grazalema, al describir las plantas del pico S. Cristobal, escribe textualmente: “El abeto, que es al árbol más común de entre todos ellos, llega hasta muy cerca de la cumbre”. Y más adelante “El pinsapo sólo sirve para tablas y vigas de casa y para leña” “El guarda sólo custodia el quejigo, el alcornoque y la encina”.
El 5 de septiembre de 1.809 marcha de Ronda a Tolox y la descripción del recorrido dedica un apartado bajo el nombre de “Abetos”  con el siguiente texto: “Entramos luego en el pinar en que hay algunos quejigos y todo lo demás pinsapos. Se parecen algo estos vistos a cierta distancia al ciprés por lo oscuro de su color y por su forma cónica, bien que el cono es de base más ancha y muy poco prolongado. Sus ramas salen casi horizontales y cuelgan por la punta arqueándose algo. Aquí se crían más altos (hasta más de 40 varas) que en el Pinar, al parecer por que a éstos del Pinar les cortan la guía de jóvenes para palas de hornos y otros usos, y los hay bastante gruesos. Uno de ellos, que llaman de las siete vigas, tiene en efecto siete ramas que suben muy altas y casi iguales muy perpendiculares, partiendo en cerco y con simetría alrededor del centro del tronco, que esta ileso; fenómeno hermoso que no deja de ser notable y que llama la atención cuantos pasan por este camino, hallándose por fortuna junto a él, a la izquierda, poco antes de llegar al Puertecillo de las Ánimas”. En sus Adiciones al libro clásico “Agricultura General” de Alonso de Herrera, también hace referencia a este monumental pinsapo.
En la Serranía de Ronda, tan sólo un monolito cerca del albergue de Tolox  sirve de homenaje a tan ilustre y, a la vez, olvidado, personaje (5).
Dos de sus obras, “Ensayo sobre las variedades de la vid común que vegetan en Andalucía” de 1.807 y “Ceres Hispanica”, ésta escrita conjuntamente con Lagasca, son consideradas entre los estudios de agronomía mas avanzados de su época.
Le toco vivir un periodo de la historia de España convulso y difícil, después de la Guerra de la Independencia fue desposeído de su trabajo en el Jardín Botánico y se exilio en su pueblo natal, sufrió la persecución de la Inquisición aunque no llegó a ser condenado, en el Trienio Liberal fue diputado a Cortes y de nuevo, el retorno del absolutismo le desposeyó de su trabajo hasta que en el último año y medio de su vida, de nuevo fue reintegrado a su trabajo y llegó a ser Director del Real Jardín Botánico.
A pesar de la época histórica que le tocó vivir, entre la ilustración y el absolutismo y en medio de una guerra, nunca dejó de investigar y trabajar, se le reconoció internacionalmente con varias distinciones y parte de sus obras agronómicas se tradujeron a varios idiomas.
Murió en Madrid el 27 de febrero de 1.827, sus restos se dan por perdidos ya que fueron depositados en una fosa común de un cementerio situado cerca de la Puerta de Toledo.
Poco más conocidos que Simón de Rojas son Haenseler y Prolongo. Felix Haenseler (1.766-1.841), de origen bávaro, ejerció de boticario en Carratraca, Estepona y Málaga. Reunió un interesante herbario y debió tener un prestigio considerable entre los botánicos de la época, a él acudió Boissier en su viaje a Andalucía. La atención y ayuda que Boissier encontró debió ser importante puesto que le dedicó algunas especies nuevas de plantas que descubrió. Otro mérito muy poco conocido de Haenseler es que describió por primera vez en Europa la presencia del meloncillo, fue en Estepona, donde vivió nueve años. En 1.823 entra como aprendiz en la farmacia el joven malagueño Pablo Prolongo (1.806-1.885) a quien Haenseler introduce en el mundo de la química y la botánica. Para ampliar estudios, Prolongo permanece en Madrid entre 1.825 y 1.832 allí obtiene los títulos de bachiller y licenciado en farmacia, además de realizar estudios de zoología, botánica y mineralogía en el Museo de Historia Natural.
Ya establecido en su ciudad natal, Prolongo abrió una botica en la malagueña calle Salinas que se convirtió en un autentico centro de sabiduría. Se dedicó a herborizar la flora de la provincia de Málaga junto a su maestro Haenseler, pero su actividad no se limitó al estudio de las plantas, aportó soluciones eficaces en la epidemia de cólera de 1.854, también el problema de los parásitos en las vides fue estudiado por él, aconsejando el uso de azufre en los tratamientos. Prolongo fue el primer boticario en preparar en Málaga cloroformo. De su obra escrita sólo se conserva un estudio sobre las aguas del manantial de Carratraca y otro sobre las malformaciones de los cítricos. Aunque reconocido en su tiempo como socio en varias Academias y Sociedades científicas, hoy, apenas se le recuerda como precursor en el descubrimiento del pinsapo. Hace unos años se pusieron en contacto con este autor descendientes de Prolongo que viven en Argentina con el propósito de organizar un homenaje o reconocimiento a tan interesante personaje.
 Como ya he comentado con anterioridad, muy relacionado con Haenseler y Prolongo se encuentra Charles E. Boissier (1.810-1.885). En la época en la que el llega, España esta casi absolutamente inexplorada botánicamente hablando y lo poco que se conocía había sido destruido como con el caso Lagasca o almacenado sin más como el material de Simón de Rojas, dos ejemplos de la torpeza y miopía política de la que se ha hecho gala en este país. Con esta situación y la importancia de sus descubrimientos, no es de extrañar  que a Boissier, se le considere como el padre de la botánica andaluza.

 Uno de los motivos por los que Boissier vino a Andalucía era la investigación ya que las posibilidades de descubrir nuevas especies en Europa estaban muy agotadas, pero también la visión romántica que otros viajeros habían trasmitido en Europa (6); efectivamente, el ginebrelino Boissier, forma parte de un grupo de científicos y viajeros que atraídos por la Andalucía y las posibilidades de nuevas descripciones de especies, viajan a nuestra región (7). Por fortuna, actualmente se sabe mucho más de este personaje que hace unos años cuando, sólo unos pocos afortunados conocían su extraordinario trabajo (8).
Por su nieto Auguste Barbey (9) conocemos la excepcional personalidad de Boissier; en su libro, “A travers les forêts de pinsapo d´Anadalusie”, traducido en el año 1.996, nos muestra a un científico cariñoso y entrañable que poseía una extraordinaria capacidad de observación y sólidos conocimientos botánicos, un sabio alegre, sociable, que reía casi siempre, animoso, abierto a todo el mundo, en sus viajes infundía fuerza física y moral a sus acompañantes, pero a la vez, era persona de extraordinaria modestia e indulgencia. Todo ello retratado por Barbey con extraordinario cariño y devoción.
Boissier fue un incansable viajero que recorrió España, Argelia, Grecia, Egipto, Siria y Australia. Había sido discípulo de botánicos insignes como De Candolle en Ginebra y de Philip Barker Webb en París, este último había recorrido Andalucía en 1.827; sin duda animado por él, preparó metódicamente su viaje, estudiando todos los detalles y aprendiendo español. Tal vez su maestro en París le había aconsejado la búsqueda del abeto andaluz.

 

Recreación del viaje de Boissier para una serie de Televisión Española, el autor del artículo representa al personaje.
Su experiencia botánica en Andalucía se tradujo en la publicación de cinco obras pero sin duda, la aportación más importante de Boissier al conocimiento botánico fue “Voyage botanique dans la midi de l Espagne pendans l annne 1.837” publicado en París en un formato de dos volúmenes, espléndida obra de gran belleza, acompañada de geniales láminas dibujadas por M. Heyland, donde se la que muestra con rigor y detalle los acontecimientos de su viaje, además, describe 1.900 plantas de las cuales 236 se dieron a conocer por primera vez para la ciencia.
En 1.837 llega a Motril, y por caminos costeros continua hasta Málaga, donde contacta con Pablo Prolongo y Félix Haenseler, los dos farmacéuticos malagueños que con su colaboración entusiasta y desinteresada le mostraron sus herbarios en los que vio por primera vez ramas y acículas de pinsapo. El día 11 de mayo sube a la sierra de Mijas y continua hasta Estepona para buscar, el pino o abeto cuyas ramitas le habían enseñado los farmacéuticos malagueños, en Sierra Bermeja pudo ver los pinsapos pero no vio ninguna piña, por lo tanto no podía describir la especie ni tan siquiera el género de aquel curioso árbol al que los lugareños llamaban “Pinsapo” o “Pinzapo”. Desde Estepona se dirige a Ronda con la idea fundamental de conocer la belleza de la ciudad de la que le habían hablado y su famosa Feria de Mayo. Desde Ronda marcha a Gibraltar y de nuevo regresa a Málaga donde descansa y ordena su material, de nuevo se pone en marcha herboriza en Sierra Tejeda antes de llegar a Granada. A lo largo de 16 días realiza su esforzado trabajo en Sierra Nevada, tan sólo al alcance de montañeros con experiencia y con gran fortaleza y absolutamente entusiasta en su misión botánica. Desde Granada, ya a finales de septiembre, se encaminó de nuevo a Málaga y se sube ahora a la Sierra de Las Nieves para tratar de identificar científicamente el pinsapo, tiene la suerte de hallar árboles con piñas, ya puede definir el género y la especie como “Abies pinsapo”, tiene el detalle de mantener el nombre popular, cualquier científico engreído le hubiera puesto su nombre propio. A principios de octubre parte a Cádiz y por Sevilla y Madrid se dirige a su país.
Sus descripciones son un modelo de rigor científico, un ejemplo de literatura histórica y de calidad literaria. Recoge gran cantidad de anécdotas ligadas a lo extraño que resultaba en los pueblos andaluces la presencia de un extranjero que se pudiera dedicar sólo a estudiar y recolectar plantas. A veces le confundieron con espía, otras por buscador de oro, hasta una familia de Trevelez le confundió con un pariente que, quince años antes, había emigrado a América. Pocos autores extranjeros han descrito una corrida de toros en la plaza de Ronda tan bien documentada, la vida de la ciudad en fiestas, el folklore popular, la vida en las posadas, su relación con los lugareños con tanta perfección, detalles y cariño como Boissier. 
El estudio detallado del libro “Voyage botanique dans la midi…” sale de los objetivos de este artículo pero dos pasajes creo deben ser comentados con detalle.
Uno es la descripción de la corrida de toros a la que asistió en Ronda. Después de analizar con detenimiento la plaza y el público asistente se centra en el propio espectáculo, los atuendos y la lidia, utiliza expresiones en castellano cuando son necesarias y termina, como buen extranjero, con las siguientes palabras: “En Ronda teníamos como matador de toros al célebre Montes, la primera espada de España y la gloria de la tauromaquia; su fama había contribuido poderosamente a atraer a la corrida una afluencia considerable de gente y aquella tarde acabó con todos los toros que tenía que lidiar con una rara destreza y con el fragor de unos aplausos frenéticos. Seis toros y una docena de caballos perecieron en esta función que duró más de tres horas, el público se retiró, cada uno discutiendo, tomando partido por el mérito de uno u otro combatiente. Ni un solo torero fue herido, casi podría decir que lo sentí por lo odioso y cobarde que encontraba este combate tan desigual entre un grupo de hombres aguerridos y avezados que apenas se exponen, y un desgraciado animal irresistiblemente condenado a muerte y torturado a fuego lento.”
La descripción del descubrimiento del pinsapo es, para mi, el punto central de toda la obra. Acompañado por Prolongo y Haenseler en otoño sube a la Sierra de La Nieve pasando por Cartama, Casarabonela, Alozaina y Yunquera, desde allí se encaminan al Convento de Nuestra Señora de Las Nieves. Por las descripciones que hace se puede deducir que la vegetación arbórea estaba bastante esquilmada, sin duda, por las talas realizadas, años atrás, para alimentar los altos hornos de galena antimonial de las minas de S. Eulogio, muy próximas al convento.
Sin duda es mejor utilizar sus propias palabras para describir el momento en que localiza su objetivo: “El guía nos mostró desde lejos el primer pinsapo. Dando gritos de alegría corrimos llenos de emoción, pero, desgraciadamente, el árbol no tenía fruto. Un segundo, un tercer, me dan falsas esperanzas sucesivamente. Al fin, soy lo bastante afortunado como para encontrar uno, cuyas ramas superiores están cargadas de piñas tiesas. Nos apresuramos a trepar para cogerlas, y ya no nos queda duda sobre el género de este árbol singular. Era, ciertamente, un Abies, vecino de nuestro abeto blanco. El principal objetivo de mi excursión estaba logrado…”.
Hace poco más de un año, el autor de este artículo representó al personaje de Boissier en un documental sobre los pinsapares emitido por Televisión Española dentro de la serie “El Bosque Protector”. En Sierra Bermeja y la Sierra de Las Nieves, mientras se gravaban las imágenes, vestido de época, encaramado a un mulo, acompañado de un arriero auténtico de Genalguacil que representaba a su guía,  pude experimentar una extraña sensación que quise imaginar parecida a la que debió sentir Boissier en el momento del descubrimiento.
La Taxonomía es una parte de la Biología que se encarga de catalogar y dar los nombres científicos en latín o latinizados, Genero y especie (por ejemplo Abies pinsapo) a las nuevas especies que se van describiendo. Simón de Rojas Clemente Rubio fue el primer investigador, que se conozca hasta ahora, que identifico el pinsapo como un abeto y que hizo descripciones sobre él, lo hizo en el año 1.809; si Clemente hubiera publicado en una revista especializada o en un libro su descubrimiento y le hubiera dado un nombre científico, actualmente se consideraría como su descubridor, pero en realidad, quien hizo ese trámite fue Charles Edmond Boissier 28 años más tarde, por lo tanto, el mérito de la descripción de la nueva especie es de Boissier, científicamente hablando.
 

 

Existen interesantes imágenes que recrean la visita de Boissier a los pinsapares en un CD titulado “Parque Natural Sierra de Las Nieves” elaborado por acuerdo de la Junta Rectora del Parque Natural con el apoyo de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía, fotografías del parque se pueden encontrar en el dominio  www.laserranianatural.com., algunas son fotografías del autor del artículo.
 Las mejores imágenes de Clemente Rubio se encuentran en el magnífico libro que sobre este personaje editó Antonio Gil Albarracin (3).

Bibliografía:
(1) García Guardia, G . “Flores Silvestres de Andalucía”. Editorial Rueda 1.988.
(2) Pezzi Ceretto, M. Estudio preliminar del “Viaje Botánico al sur de España durante el año 1.937, de Charles Edmond Boissier. Edita Fundación Caja de Granada y Universidad de Málaga. 1.995.
(3) Clemente  Rubio, Simón de Rojas. “Viaje a Andalucía. Historia Natural del Reino de Granada. 1.801-1.809”. Editado por Antonio Gil Albarracin en el año 2.002. GBG Editora. Almería.
(4) Calera González, A. y D. Montilla Castillo. “El Pinsapar”. Educa nº 27 pag. 27-32. 1991.
(5) Flores Domínguez, R. y A. Rodríguez González. “La Sierra de Las Nieves. Guía del Excursionista”. 304 páginas. Editorial La Serranía. Ronda 2.005.
(6)  Garrido Domínguez, A. “Rondando Ronda y sus viajeros”. Edita Colectivo Cultural Giner de los Ríos”. Ronda 2.004.
(7) Jiménez, F. “El viaje botánico a Andalucía de Edmond Boissier”. Jábega nº 41 pág. 65-75. 1.983.
(8) Equipo Arrayán. Artículos publicados en la revista “Ronda y La Serranía” nº 15, 21 y 22.
(9) Barbey, A. “A través de los bosques de Pinsapos de Andalucía”. Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Sevilla 1.996. Traducido del original  editado en París en 1.931.
 

Boissier

Andrés Rodríguez González Diciembre 15th, 2007

CHARLES EDMOND BOISSIER       

…muy cerca de allí, el guía nos enseño desde lejos el primer pinsapo; dando gritos de alegría corrimos llenos de emoción, pero por desgracia el árbol no llevaba ningún fruto, un segundo, un tercero me dieron sucesivamente falsas esperanzas, al fin tuve bastante suerte y vi uno cuyas ramas superiores estaban cargadas de conos erguidos. Nos apresuramos a trepar para recogerlos y ya no quedaron dudas sobre el género de está árbol singular. Era ciertamente un Abies próximo a nuestro abeto común…

Con estas palabras describe Boissier el segundo encuentro con los pinsapos que le permite descubrir que se trata de un abeto desconocido hasta entonces para la ciencia. Un  descubrimiento, que para un científico, llena sus aspiraciones más elevadas. Pero Boissier no era sólo un botánico excepcional, verdadero descubridor de la flora andaluza, era también un hombre excepcional, un observador agudo de la sociedad andaluza que encuentra en su viaje y también un magnífico analista del paisaje de la Serranía de Ronda.       
Agotadas las posibilidades de descubrir nuevas especies en  Europa, y mientras la mayoría de españoles sólo tienen ojos para América, Charles Edmond Boissier forma parte de una pléyade de botánicos y viajeros que atraídos por la visión romántica  de Andalucía y las posibilidades de nuevas descripciones de especies, viajan a nuestra región.        
Llega a las costas de Granada en 1.837, con 31 años de edad, y desde el primer momento realiza un trabajo metódico, muy científico, con claras descripciones y extraordinarios dibujos que provocaron la admiración de sus contemporáneos y de los botánicos que le siguieron. Boissier que poseía una extraordinaria capacidad de observación y sólidos conocimientos botánicos, tuvo la inmensa suerte de contactar  con Pablo Prolongo y Félix Haenseler, dos farmacéuticos malagueños y con Rambur un entomólogo (estudioso de los insectos) francés  que vivía sobre esa época en Málaga. Los farmacéuticos, muy aficionados a la botánica, de forma entusiasta y desinteresada le mostraron sus herbarios en los que vio por primera vez ramas y acículas de pinsapo.
Boissier había nacido en Ginebra en 1.810, murió en 1.885, fue discípulo del célebre botánico De Candolle y de P. Barker Webb que habia recorrido Andalucía en en 1.827 y que sin duda, le inculcó el interés por esta tierra.        
En su aspecto personal era un hombre de fé, un cristiano activo, un ser sociable, simpático, risueño, abierto, de gran fortaleza física y moral que sabia infundir a sus acompañantes en sus largas expediciones, a pesar de sus inmensos conocimientos no era un sabio pedante, muy al contrario, era modesto, amable y servicial.  Antes de venir a Andalucía había preparado con detalle el viaje y había aprendido español. Con tales atributos no es de extrañar que se granjeara el afecto de cuantos le conocieron.        
Sus conocimientos botánicos le vinieron de sus buenos maestros y de sus muchos viajes, recorrió España, Argelia, Grecia, Siria, Australia y Egipto, publicó excelentes trabajos y llegó a reunir uno de los mejores herbarios de Europa.        
En 1.836 Boissier comienza su exploración botánica en Andalucía, publicó sus primeros hallazgos en 1.838 (“Notice sur l´Abies pinsapo”), después vendrían nuevas campañas de exploración y la publicación por entregas entre 1.839 y 1.845 de la espléndida obra en dos tomos “Voyage botanique dans le midi de l`Espagne” acompañada de geniales láminas dibujadas por M. Heyland. En el primer volumen de la obra narra sus impresiones y los sucesos del viaje, describiendo 1.900 especies en el reino de Granada de las que 236 las dio a conocer por primera vez para la ciencia. En el segundo volumen se incluye la descripción latina de las especies e interesantísimas observaciones sobre cada una de ellas.   

   

  
En Estepona, en Mayo de 1.837, localiza los primeros pinsapos o pinzapos, (de ambas formas le llamaban los naturales de la zona), que ya conocía por los herbarios de sus amigos malagueños Haenseler y Prolongo, pero al no tener piñas los árboles en ese momento, no puede identificar la especie. Después de viajar y recolectar infinidad de especies en Sierra Nevada, regresa a La Serranía de Ronda y por fin puede localizar pinsapos con piñas, esta vez en Septiembre, en la Sierra de Las Nieves (ver el inicio).        
En sus viajes por Andalucía le ocurrió casi de todo, le tomaron por espía, le confundieron en Trevelez con un paisano del pueblo que había emigrado a América, creyeron que era un buscador de oro, en sus escritos comenta que lo único que no tuvo fue un encuentro con los bandoleros que , en aquellos tiempos, asolaban los caminos.       
 Sus descripciones son un modelo de rigor científico y también un ejemplo de literatura histórica. Pocos autores extranjeros han descrito las corridas de toros, el paisaje de Ronda, las fiestas populares, la vida en las posadas, los personajes y sus trajes de “majos” (en castellano en el original),  etc. con tanta perfección y detalle como Boissier.       
 La descripción de la corrida de toros que presenció Boissier en mayo de 1.837 en Ronda es un claro ejemplo de la calidad y perfección en los textos de este sabio como he comentado anteriormente, incluso tratándose de algo tan ajeno y novedoso para un botánico y, además, extranjero, que como tal, toma partido por el toro cuando dice en un párrafo de su detallada descripción “… Ni uno sólo de los toreros resulto herido; diré que, a punto estuve de lamentarlo, tan odioso y ruin me parecía este combate desigual entre una banda de hombres aguerridos y entrenados que apenas se exponen y un desdichado animal irresistiblemente condenado a muerte…”. Para más detalle y deleite recomiendo a los lectores tanto el libro de Boissier traducido en 1.995 como el artículo Edmundo Boissier aparecido en la revista Ronda y la Serranía en 1.982.        
Casi un siglo después del recorrido de Boissier por Andalucía, llega a la Serranía su nieto A. Barbey, que publica en 1.931 un libro titulado “A travers les Forests de Pinsapo d’Andalusie”, libro que, incomprensiblemente, no se ha traducido al castellano hasta el año 1.996. Se describen los bosques de pinsapos y su fauna parásita de insectos y va acompañado de varias fotografías de personas relacionadas con el pinsapar y otras que permiten apreciar las diferencias entre los pinsapares de aquella época, en absoluta decadencia y la situación actual. En uno de los capítulos del libro, titulado “Homenaje a mi abuelo” describe con tal cariño a nuestro personaje, cuenta anécdotas familiares, recoge documentos que engrandecen a Boissier, que vuelvo a no tener mas remedio que recomendar su lectura.
Para terminar quiero pedir un reconocimiento público a Edmond Boissier aún sabiendo que a él le daría igual y recoger las palabras que uno de sus biógrafos le dedico en su muerte “…Nunca jamas hizo ostentación de sus convicciones; era su rara perfección moral la que le indicaba cómo debía ayudar. A pesar del asiduo trabajo en el cual se volcaba, Boissier siempre tuvo el aire y las formas de un sabio que no vive nada más que para sus libros. Era el hombre más sonriente, sociable, todo amabilidad, abierto a todos los interesados, accesible a todo el mundo, abrazando de corazón el bien de la iglesia libre de Valleyres, como si fuera un hombre que no hubiera tenido otra ocupación.”.

Bibliografía.
“Viaje Botánico al Sur de España durante el año 1.837″. Charles Edmond Boissier. Traducción Francoise Clementi. Edita Fundación Caja de Granada. Universidad de Málaga. 1.995.
“A través de los Bosques de Pinsapo de Andalucía”. A Barbey. Traducción de Fernando Diaz del Olmo. Edita Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. 1.996.
“Edmondo Boissier”. Equipo Arrayan. Revista Ronda y la Serranía. Septiembre de 1.982.