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NATURALISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA Isidro García Cigüenza

Andrés Rodríguez González Febrero 11th, 2020

NATURALISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA

Isidro García Cigüenza

“Isidro el maestro y su burra Molinera”

¿Por qué motivo te pusieron tus padres ese nombre?

Porque nací precisamente el día de San Isidro Labrador. En mi familia era la costumbre de mirar el calendario y poner a los hijos la onomástica que correspondía. ¡Menos mal que no fui a nacer el día de Santa Ana!

¿Cuál es tu fecha y lugar de nacimiento? Describe brevemente tu hogar de la niñez y el ambiente en que creciste.

Si digo mi fecha de nacimiento, así, sin más, no tendría demasiada gracia la cosa. Siguiendo la costumbre inveterada de la Serranía responderé como me respondió aquel a quien le pregunté cual era la duración de la vida de los burros: “un vallao dura tres años; un perro, lo que tres vallaos, un burro, lo que tres perros y un hombre, lo que tres burros, siempre chispa más o menos –me dijo, para que lo adivinara. Así, y siguiendo con la chanza. diré que en el comienzo de los años sesenta, yo contaba con ocho años, y en los setenta, con dieciocho. ¿En qué año nací?

Me parieron –mi madre y la partera que la atendió- en un pueblo de la Riojilla burgalesa: Belorado. Mis padres eran labradores, complementando el oficio con el cuidado y engorde para su consumo y venta de gallinas, conejos, cerdos, vacas, ovejas, patos y demás ganadería doméstica. Éramos seis hermanos (yo casi el más pequeño) y mi casa, con tanta gente, generaba un ambiente de permanente actividad, colaboración y acontecimientos  sorprendentes, por lo inesperados.

Cuenta algo de tu padre (su nombre, fecha y lugar de nacimiento, sus padres, etc.). Y algunos recuerdos  especiales de él.

Mi padre, Lorenzo,  pertenecía a esa casta de castellanos viejos, en los que el amor al trabajo, la formalidad en el trato, la lealtad con los amigos y el ahorro fueron fundamentales. Por encima de todo estaba su oficio de agricultor que conocía, sufría y disfrutaba con auténtica pasión. La adquisición de tierras, su mejoría y puesta en producción a partir de las herramientas, abonos y maquinaria que fueron surgiendo a lo largo del tiempo fue siempre la meta de su vida.

Y algo de tu madre.

Mi madre, Concha, era el paradigma  de una mujer con una familia numerosa sobre la que recaían el cuidado, educación y porvenir de sus hijos. Luchadora por lo suyo y generosa con los demás antepuso siempre el bienestar de los que la rodeábamos al propio. De los ahorrillos que sacaba con la venta de la leche, de los lechoncillos,  de los huevos y demás… es como fue sacando el dinero suficiente para, como se solía decir, darnos carrera a los que decidimos salir a buscarnos la vida fuera del domicilio familiar. Su visión ecléctica de los sucesos y situaciones por los que fue pasando:  república, guerra civil, guerra mundial, dictadura, democracia… le hizo adoptar una filosofía de vida muy primaria, pero funcional: “hay que saber la aguja variar”, nos decía.  La verdad es que nunca supe si, políticamente era de derechas o de izquierdas, si republicana o monárquica, si religiosa o atea. Sin embargo, a mí personalmente, me imbuyó, con su carácter abierto, el amor al terruño, al mundo de las letras, al gusto por la estética y la creación artística. Eso y una visión muy particular de la dignidad: “En la calle  hay que dar más envidia que pena”, me decía cuando me veía salir de la casa un tanto decaído.

¿Influyeron mucho en ti?

Absolutamente. Es verdad que mi vida y oficio difiere totalmente del de ellos. Pero el carácter, amén de los valores y principios morales  que me sustentan son enteramente los suyos.  No hace muchos días, por poner un ejemplo sencillo, cuando realizaba a pie y del ronzal de mi burra Molinera,  una mis travesías por tierras andaluzas, estando preparándome para pasar la noche en  un campo desierto  y un tanto inhóspito me di cuenta de lo familiar y afectuoso que me resultaba dormir en  el suelo: su olor me traía sensaciones infantiles familiares, procedentes sin duda del amor que mis padres y hermanos mayores me inculcaron siempre por la tierra, fuera esta silvestre, cultivable, dócil o agresiva.

¿Qué clase de dificultades o tragedias afrontó su familia durante tu infancia?

No, gracias a Dios, como suele decirse, desgracias no tuvimos ninguna, como no fuera un pedrisco que arruinó un año toda nuestra cosecha de cereal. Dificultades…, las propias de una casa donde el trabajo (con tanto quehacer) era abrumador. Sin embargo, la bendición que supone pertenecer a una familia numerosa, dirigida por una madre amorosa  y la vigilancia férrea y ejemplar de mi única hermana (la mayor de todos) convirtió el sacrificio y el trabajo  diarios en algo habitual y lúdico al mismo tiempo.  Se trataba de vivir intensamente y de una forma absolutamente natural. Suelo contar la anécdota de que yo nací de entre las patas de nuestra vaca Blanquilla. Y es que, embarazada de mí y a punto de dar a luz, mi madre prefirió atender el parto de la becerra que venía de camino, que al suyo propio. Y es que en mi casa, tan apreciado era el nacimiento de un ser vivo que nos habría de aportar leche y alimento para todos, que, como digo,  el propio.

Describa algún aspecto que le llama la atención sobre cada uno de tus hermanos.

¡Ufff! Recientemente y a propósito del fallecimiento de mi madre, llevé a cabo la realización de un Obituario, donde cada hermano hablábamos de nuestros propios recuerdos, sensaciones y sentimientos, a partir de sucesos, formas de vida y trabajos comunes. Leyéndolo, parece como si, a partir de las impresiones particulares que cada uno manifiesta, hubiésemos vivido en familias distintas, aunque con un denominador común: el trabajo. Las distintas edades que teníamos cada uno nos llevó en su momento a asumir responsabilidades  también distintas. Así, y llevándolo a puros términos económicos, el valor añadido aportado por los más mayores a la herencia común, supera en más de mil veces las que pudimos aportar los más pequeños. Mi gratitud hacia ellos es tan inconmensurable que, hasta hace pocos años, mis vacaciones veraniegas las dediqué por entero a ayudarles en sus tareas y obligaciones agrícolas. Con todo, y por encima de todo, mi hermana “Agus”, ocupa el lugar más preferente y emotivo de mis relaciones fraternales. A ella, a su constancia, paciencia y fe en mi, le debo lo que tengo y lo que soy.

¿Qué tradiciones familiares recuerdas?

En el Norte de España, como en el resto supongo, la tradición, el amor al terruño, el afecto hacia el patrimonio común y  las tradiciones de antaño es algo que imprime carácter. Llevo cuarenta años aquí en la Serranía de Ronda y cuando entono una serrana, un fandango o una guajira, es habitual que la remate  “por jotas”. Es un ejemplo. Como dice la copla: “No sé qué tiene la jota, madre, que hace llorar a los viejos y alegra a la gente moza”.  De hecho, tengo dejado a mis hijos el encargo de que cuando me muera, y justo en el momento del entierro, se escuchen dos canciones: la serrana aquella que dice: “El aire de la sierra viene, frío y cortante…” y la jota que comienza con aquello de “Por qué los labradores vienen cantando…” Ellos se lo toman a broma y se ríen de mí, “Haremos lo que nos dé la gana”, apostilla mi mujer.

¿Tenía tu familia una manera particular de celebrar los días festivos?

Los chupinazos de las fiestas de Acción de Gracias, allá por septiembre; el toque a misa mayor de la campana grande de la Iglesia parroquial,;  el otro más sutil y cadencioso del campanil de las monjas  de clausura, cuyo monasterio de Las Clarisas,  se hallaba cerca de mi casa, y tantas otras manifestaciones…,  imponían en nuestras vidas infantiles  el calendario festivo. En esos días los sentidos de la vista, olfato, gusto, oído y tacto parecían agudizarse y, al día de hoy no hay imagen festiva, sabor gastronómico, sensación olfativa o  sonido musical que no se me representen justo cuando llegan esas fechas festivas esté o no esté yo en  mi pueblo de origen

¿A qué escuela asististe? ¿Cómo fue tu experiencia en la escuela?

A la Escuela Nacional de Niños como, en mi pueblo, todo hijo de vecino.  Hechos significativos recuerdo los himnos fascistas  del “Cara al sol” o “Prietas las filas”  que bajo la héjira de la Falange debíamos cantar cada mañana apenas entrábamos. También aquellos “tanques” de leche en polvo que nos repartían en los recreos, fruto –como he sabido después- de la “generosidad americana”; las tardes somnolientas de invierno dentro de las aulas, viendo llover o nevar tras los gigantes ventanales de las aulas; y, por encima de todo, las gozosas salidas a casa, por las tardes, que siempre tenían como colofón el juego de canicas bajo los soportales de la plaza, los resbalones en el barro de las laderas cercanas; o las batallas (a bolazo de nieve meado) que organizábamos los de mi barrio de San Nicolás, contra los del Barrio Alto del Corro por ver quién conquistaba,  las ruinas del Castillo medieval que aún resiste, en pie como sigue,  el paso de los siglos.

¿Cuáles eran tus materias favoritas? ¿Por qué?

Mis materias favoritas eran mis propios compañeros de clase. De las asignaturas, ni me acuerdo. Recuerdo perfectamente las caras, los caracteres, las dotes de mando y travesuras de los treinta y pico que conformábamos la clase. Aunque lo sabíamos todo de todos, aquel microcosmos infantil era lo mejor que teníamos: compañeros de fatigas, de alegrías, de travesuras, de iniciación a la vida, de sentirte importante dentro del grupo… Allí, en el aula, y a través de mensajitos voladores en forma de bolitas de papel o en el patio de  recreos organizábamos las actividades más apasionantes que llevaríamos a cabo a la salida, los domingos por la tarde o durante las vacaciones de verano: pescar en el río, ir en bici al pueblo cercano, echar un partido de fútbol, escondernos en la chopera esperando a nuestras novias o fabricarnos casas de madera donde, apiñados, dábamos buena cuenta de los  cigarrillos y  alguna bebida alcohólica comprados a escote. ¡Eso sin contar –llegado su tiempo de maduración- con los asaltos nocturnos al cerezo de un vecino; al ciruelo –cargadito de ciruelas de “huevo-fraile”- de aquel otro, o, en el más arriesgado de los casos, algunos huevos de gallinas ponedoras la noche de San Juan!

¿Qué materias no te gustaban? ¿Por qué?

Mi problema con las materias que se impartían era que, en vez de aprenderme las lecciones  de memoria, como era preceptivo,  yo siempre le sacaba la punta y no aceptaba, sin más,  lo que en ellas se afirmaba. Así, si era en Lengua Castellana, siempre estuve en contra del análisis gramatical y ello porque seguía la máxima del poeta cuando decía: Fijáos mejor en lo que digo y no en cómo lo digo”. En matemáticas me ocurría una cosa parecida: ¡jamás llegué a comprender  la también  máxima aquella de que “los ceros a la izquierda no cuentan para nada”. Con el tiempo he llegado a entender el porqué de mi disentimiento  y es que yo me ponía en el lugar de la pizarra y lo que para el maestro era la izquierda, yo entendía que debía de ser la derecha, con lo que los ceros sí contaban ¡ya lo creo que contaban! Con todo, lo  que más me enfadaba no eran las materias que se impartían, sino  los propios maestros: desde el que teníamos asignado, hasta el director o el cura que nos daba aquellas clases de religión tan insoportables. Una sola cosa tenían de divertida  su persona y era las travesuras que a que daban pie por nuestra parte y que consistían en meterles bichos en los cajones de su mesa, romperles la regla con la que nos pegaba– simulando su entereza a base de mocos prensados o, directamente, huyendo de él saltando por la ventanas… Únicamente recuerdo un momento feliz de mi estancia allí, y fue en Parvulitos: el día en el que la maestra nos sacó al frontón del patio de recreo para, colocados en círculo, romper la hucha del negrito aquel de barro, donde echábamos nuestros ahorritos, y con destino a las misiones.

¿Tienes algún maestro que influyera especialmente en ti?

Ya en el Instituto, influyó para bien –pues me enseñó justo lo que no se debe hacer- un profesor que tenía la mala costumbre de levantarnos del asiento agarrándonos por las patillas o, de manera totalmente violenta, cortar la animada y secreta conversación que manteníamos con el compañero de pupitre, a base de , por detrás quemarnos algún dedo de la mano con la punta de su cigarrillo encendido. También aproveché –esta vez para bien-, la forma que tuvo de explicarnos lo que era una metáfora: “Entre todos ustedes no reunís ni tan siquiera un átomo de eso que se llama inteligencia” –nos espetó un día.

¿Qué amigos tienes de la escuela?

Resulta una delicia acudir hoy al llamado  “Día de los Quintos”, esa fiesta que celebramos  cada cierto tiempo los del mismo pueblo y la misma edad; y revivir en amor y compaña las sensaciones y recuerdos de los que hablo. ¡Aún es posible , volverlos a disfrutar  y ello, a pesar de  que muchos de aquellos amigos se muestran ausentes o no es posible dar con ellos! ¡Qué caminos y qué destinos tan distintos hemos cogido cada uno! ¡Cómo han cambiado nuestras fisonomías: pero, si más que a nosotros mismos, me parece estar viendo a los padres de cada uno, cuando éramos niños! ¡Por cierto que, en la última celebración, se me acercó una muchacha, que, casada, vive en Alemania y me dio un par de sonoros besos,:  “¿No te acuerdas, Isidro? ¡Si jugábamos  mucho a los médicos y a ver qué escondíamos cada uno debajo de los pantalones y de las braguitas!” “¡Si nos hicimos hasta novios!”. ¡A fuer de sincero diré que, revivir esas historias  me provoca sonrojo todavía!

-¿Desde entonces hasta tu llegada como maestro a Andalucía, qué épocas más señaladas describirías?

La juventud, es decir desde los 10 a los 18 años, la pasé enjaulado. Dentro de una jaula de oro, es verdad, pero, a fin de cuentas, encerrado entre barrotes. En Castilla, como en el resto del país, y allá por los años 60 la única manera de seguir estudiando y buscarte un porvenir fuera del pueblo (de seis hermanos que, solamente dos eran necesarios para llevar la agricultura) era yéndote a un internado de curas o frailes. Además de una salida económicamente viable para nuestros padres, existía la creencia de que cada familia numerosa debía de aportar uno o dos de sus miembros al servicio de Dios y de su Iglesia. Eran los famosos reclutamientos que realizaban las distintas órdenes religiosas por los pueblos “reclutando” niños y llevándoselos –con la disculpa de darles estudios- a los lugares más insospechados. A mí me tocó a Valladolid y con la Orden de los Marianistas (los mismos que –hipócritamente- detentan la propiedad del Colegio El Pilar, en el Barrio de Salamanca de Madrid, y de donde salieron muchos de los dirigentes políticos y financieros de la España de décadas posteriores).

Después de tener que descubrir, y aún reivindicar, el derecho a ser joven y libre, y a vivir al margen de adoctrinamientos religiosos, es como conseguí escapar de allí, aún a pesar, como digo, de haber estado allí muy a gusto (hasta que la situación se volvió insostenible, evidentemente).

Sea como fuere, mi vocación de maestro estaba definida y sería lo que me daría fuerzas para continuar superando los avatares que me quedaban por pasar: fase agnóstica en cuanto al sistema filosófico y de creencias se refiere; fase de concienciación política (coincidente con el final del franquismo), compromiso social (a partir de las distintas situaciones laborales por las que pasé); conciencia internacional (como respuesta a  mis viajes al extranjero en busca de mejora profesional y salarial). ¡Y eureka! ¡Maravilla de las maravillas! Fue precisamente en una de estas experiencias, en Ginebra (Suiza), donde descubriría la magistral obra de “El Emilio”, de Jean Jacques Rousseau, así como la de los padres-madres de la Pedagogía Moderna),  que me orientarían, personalmente a cerca de la didáctica naturalista y libertaria que adoptaría  yo de allí en adelante.

¿Dónde ejerciste de maestro por primera vez?

A raíz de sacar las oposiciones de magisterio, allí en Bilbao (apoyado siempre por mi hermana, a la que, como decía, tanto quiero y tanto debo…) fui destinado primero al pueblo costero de  Lekeitio y, a continuación, al agrícola de Guizaburuaga, ya en el interior y próximo a Markina y Guernika. Mi experiencia en ambos lugares fue del todo excepcional. Primero por la toma de conciencia profesional de que, al estar en zona plenamente euskaldún, (no quería convertirme en un maestro nacional,  colonizador y al servicio de intereses centralistas); a continuación por hallarme en medio de una situación política y social de lo más tenebroso y contradictorio (los años en que policías y etarras morían y mataban de la forma más inhumana imaginable); y por fin, con unos alumnos con los que vivir la experiencia pedagógica de la inmersión cultural, la investigación y el desarrollo lúdico-personal (en aquellos momentos ya pertenecía al MCEP (Movimiento Cooperativo para una Escuela Popular).  Con la perspectiva que dan los años, puedo afirmar que me siento orgulloso de la actitud llevada a cabo, que dio como fruto un afecto, respeto  y admiración mutuas, tanto  por parte de padres y alumnos hacia mi trabajo, como por la mía propia hacia su interés y participación positivas).

El vivir en el pueblo, El Colmenar-Estación de Gaucín (Málaga) ¿Ha influido en que tu vida sea absolutamente diferente a si hubieras vivido en otro sitio?

Cuando, por falta  de alumnos suficientes para mantener abierta aquella escuelita (unitaria por cierto y en la que los niños de infantil llegaban sin saber nada de castellano) me vi en la tesitura, muy a pesar mío,  de tener que moverme de localidad. Es aquí, y en connivencia con mi compañera María,  decidimos venirnos a Andalucía y más concretamente a Granada, donde se hallaba un grupo de profesores, seguidores de la Pedagógía Freinet, y que trabajaban modélicamente todos los métodos que éste y otros educadores (Montessori, Pestalozi, Sumerhill… etc.) habían puesto en vigor: la imprenta, el texto libre, la investigación del medio, la asamblea, etc., etc. Sin embargo, no fue posible obtener ese destino y, bien al contrario, me mandaron a la punta más occidental de la provincia de Málaga, a la Serranía de Ronda. El cambio fue bestial.

¿Te sientes maestro vocacional?

No sé exactamente lo que significa “vocacional” , pero sí puedo afirmar que me he dedicado a mi profesión (lo mismo que lo haría un buen agricultor, un carpintero o una doctora) en cuerpo y alma. Que he procurado no traicionar los principios que me enseñaron mis maestros pedagógicos y que he intentado mejorar, ahora con mi experiencia y la participación activa de los niños, aquellos métodos y maneras. Y prueba de lo que digo es que al día de hoy (en que llevo teóricamente unos cuantos años jubilado) jamás he dejado de practicar mi profesión, intentando continuar mi labor  en otros ámbitos educativos (además de los estrictamente escolares).  La herramienta didáctica  y persuasiva de que me valgo ahora, es una burrita, (sí, una burra de la raza asnal…) que me acompaña en todos mis quehaceres y proyectos e ilusiones. ¡Su compañía y el diálogo permanente que mantengo con ella, es la mejor manera que he encontrado de seguir manteniendo, también con los niños,  un diálogo  igual de constructivo y alegre!

¿Cuáles considera que son tus fortalezas o virtudes?

Mi fortaleza principal, tanto en cuanto a mi persona, como en lo referente a mi forma y manera de relacionarme con los demás, es la lealtad. Lealtad que significa conocimiento de mí mismo, del entorno donde vivo y  conocimiento de los demás. También, respeto, compromiso y fidelidad para con todos ellos.

¿Cómo lo demuestras en la práctica?

En la práctica lo vengo demostrando  con mi permanencia ininterrumpida, y  durante casi cuarenta años, en el mismo lugar donde fui destinado como maestro, aquí en Andalucía. Este lugar, como podía haber sido cualquier otro, ha sido el objetivo principal de mi trabajo durante todos estos años. En consecuencia, conmigo han estudiado padres, hijos y, en la actualidad, hasta nietos de la mayoría de sus habitantes. Podemos decir así, que tanto ellos como yo, hemos seguido pasito a paso y día a día nuestra trayectoria personal.

¿Es que no  tuviste ocasión de irte a tu tierra o cambiar de destino?

Ahí entra, precisamente,  lo que te decía de la “Lealtad”. Lealtad hacia las personas, haciéndome responsable de su desarrollo intelectual y moral hasta el final de mis días; hacia el territorio: no dejando de profundizar en su conocimiento, amén de implicarme en la tarea dar a conocer a sus propios vecinos la riqueza patrimonial que guarda; y con respecto a mí mismo, de llevar a cabo aquellas enseñanzas Rusonianas (del pedagogo Rousseau), en lo que respecta a que la verdadera educación es la que se puede ejercer en un medio rural, rodeado de una naturaleza virginal y sorprendente, y con recursos didácticos  abundantes e instructivos, como es el caso que nos ocupa aquí en la Serranía y, más aún en esta aldea que se llama Estación de Gaucín.

En tu magisterio en el pueblo ¿Cuáles fueron algunos de los desafíos que has tenido que enfrentar?

El principal desafío “al que me he tenido que enfrentar” –como tú dices- ha sido al de mis propias creencias y sobreentendidos. Hoy sé que para aproximarte a la impartición de una buena educación de aquellos que tienes como alumnos, el primer obstáculo con el que te las tienes que ver eres tú mismo, tus complejos de superioridad y esa misión profético-didáctica que das por hecho tienes asignada. Nada más equivocado. La educación, la verdadera pedagogía de la educación, empieza por la imperiosa necesidad de desnudarte ideológicamente; de, cuando llegas a tu destino,  sentirte en la necesidad de arroparte con la mentalidad, recursos y soluciones que los propios individuos con los que tienes que trabajar, han generado a lo largo de cientos de años y de la experiencia de las generaciones que les preceden.  Ellos y su entorno ya tienen conformados sus propias indagaciones y recursos, su propia forma de solucionar y salir airoso frente a las vicisitudes de la vida. Es ahí, en sus conocimientos, afectos íntimos y hasta carencias donde tiene sus raíces, donde radica, el principio de todo hecho educativo.  Fíjate que, en este mundo rural en el que vivo, ¡y después de cuarenta años de permanencia en él! no he llegado a entrar en el corazón, y en el cerebro,  de muchos de sus habitantes (muchos de los cuales han sido o siguen siendo arrieros)  hasta que me han visto  asido del ronzal de una burra, en precario  y necesitado de su ayuda. Ha sido en ese momento,  en el que me he visto obligado a abandonar por completo, como decía, mi status de profesor, de director, de sabelotodo, cuando ha comenzado la interacción entre nosotros: ellos, ahora como maestros míos,  dándome consejos y maneras para poder llevar y gobernar la bestia como es debido, y yo mostrándome dispuesto a seguir  sus lecciones  y enseñanzas.

-¡Pero habrás tenido que seguir las directrices  que, como funcionario, te marcaba  la administración educativa: Asignaturas,  Libro de texto, exámenes, etc., etc.!

-¡Qué remedio! Pero gracias a mi propia voluntad y a la independencia –o indiferencia-  que me aportaba el propio sistema educativo es como he podido ir indagando primero, hallando recursos propios en el territorio, después;  y dando la importancia que se merecían  la moral y  la cultura que subyacía en los vecinos del lugar es como he salvado ese inconveniente.

Durante todos estos años no he parado en hallar métodos didácticos como conjugar las enseñanzas debidas a las enseñanzas impartidas. Con los alumnos hemos indagado en maneras cómo aproximarnos al Entorno mediante multitud de investigaciones medioambientales; cómo acercarnos al Lenguaje, mediante el análisis de nuestro propio Habla, de nuestra riqueza lingüística y literaria; cómo a las Matemáticas, a partir de la comprensión de los procesos numéricos, del cálculo mental; de la Química, a partir de la transformación cerámica, a partir de las tierras, óxidos y carbonatos que nos ofrece el entorno; de la Geología, a partir de las lecciones que de manera magistral nos impartía  nuestro propio paisaje; de Ciudadanía, mediante el análisis y reflexión del comportamiento de las personas más significativas de nuestra localidad, etc. ¡Eso sin contar con mis propias investigaciones y publicaciones en torno a diversos temas históricos, etnográficos y culturales propios de la Serranía y comarcas aledañas: Bandoleros, Arrieros, Brujas-sabias; Moriscos, Juegos Infantiles, Romances serranos, Camino Romántico, etc. etc.

Con quien o quienes ha sido más difícil trabajar en el magisterio, ¿Padres? ¿Alumnos?, ¿Compañeros?, ¿Administración educativa? ¿administración local?

Sin duda, con los propios compañeros profesores. Y no con todos, sino con los que por haber nacido aquí o cerca, veían que mi labor no se ajustaba a sus criterios y maneras… Sin duda, celos. Unos celos que me llevaban en ocasiones a situaciones ridículas, como aquél compañero que me reprochó el venir aquí a reírme de la forma de hablar de la gente cuando, en clase,  lo que hicimos fue reunir el vocabulario peculiar de la zona, analizar su significado, origen, influencia en la ortografía y aplicarlo a contextos expresivos. Estos “celosos” de lo suyo, que a veces de manera muy agresiva se opusieron a nuestro trabajo, solicitaron en su día su traslado a zonas más populosas como puede serlo la Costa del Sol próxima… Aquí sigo yo, sin embargo,  profundizando y dando el mérito que merecen a la gente y cultura serranas. Lealtad y Fidelidad, esos son los principios que me enseñaron mis padres y  en que se basa mi comportamiento y forma de vida.

¿ Y tu cónyuge?

Mi cónyuge, como tú la llamas, es mi compañera del alma. Del alma y del cuerpo… evidentemente. Se trata de María Guillén Aguilera, empresaria ceramista y miembro activo del Movimiento de emancipación de la mujer rural. Promotora del asociacionismo para favorecer el emprendimiento empresarial femenino, y un montón de compromisos más. Lo dejó todo (cosa que provoca en mi cierto sonrojo y hasta vergüenza) por venirse a vivir juntos. Y, cuando digo “todo” me refiero a su puesto de trabajo en Madrid ( como funcionaria del Ministerio de la Marina), sus estudios (con la carrera de Magisterio ya concluida), su familia, amigas y forma de vida urbana (¡ahí es nada, Madrid!). Ambos encontramos, además del “amor”, supongo” un nexo común: y era nuestra afición por el modelado en cerámica  y el dibujo artístico.  Andaluza de nacimiento (concretamente de la Alpujarra almeriense) encontró su sitio aquí, en la Serranía, poniendo en pie un taller de cerámica con el que daba satisfacción a las muchas necesidades que había en la Comarca con respecto a ese material, y se fue haciendo “famosa”. Entrecomillo lo de famosa porque, si, cuando llegamos, ella era conocida por “María, la del maestro Isidro, hoy es el día en que a mí me conocen  por “Isidro, el de la ceramista María”.

¿Cómo la describirías?

De los tesoros que uno tiene en su casa, no es conveniente hablar mucho no sea que te los roben, ya me entiendes… ¡ja, ja, ja!  En realidad, y para describirla puntualmente, tendría que utilizar adjetivos que sólo me atrevería a decir a su oído. Con todo, y como digo, “obras son amores…” Aquí seguimos, juntos, llevando cada uno adelante su particular sueño y coincidiendo en la colaboración,  respeto y admiración de los proyectos de cada cual. Proyectos, curiosamente, en los que no necesariamente participamos al mismo tiempo, ni llevamos a cabo juntos. Incluso, algunos, con algo de “retintín” por la otra parte…

Cuenta algunas anécdotas de tu cónyuge

Sólo contaré una que viene a redundar en lo dicho anteriormente  con respecto a mi compromiso pedagógico y la actitud de ella para conmigo. Al día siguiente de casarnos, allí  en Madrid, era domingo y, sin pensárnoslo y de mutuo acuerdo  emprendimos un rápido viaje en autobús hasta Guizaburuaga, donde –como ya he señalado- impartía yo clases en una escuela Unitaria. No hicimos viaje especial, ni nada parecido. De la noche de novios…, directamente a la escuela, para abrirla al día siguiente, lunes, a las 9 en punto con toda normalidad y como si nada. ¿Y por qué? –me preguntarás- Pues muy sencillo, porque al ser Unitaria y  estar yo solo para todas las edades y cursos no había quien me reemplazara o sustituyera. ¿Cómo iba a permitir que aquellos niños se quedaran sin clase, por mor de un asunto estrictamente personal ? Buscando un símil un tanto rural y basto me pregunto: ¿dejaría un ganadero sin comer ni beber a su ganado el día después de su boda, y siguientes, por irse de viaje de novios con su recién tomada esposa, y sin nadie que le sustituyera en su ausencia? Todavía me sigue preguntando ella… que para cuándo el viaje de novios pendiente…

¿Cuántos hijos tienes?

La collerita: Pablo y Andrea. Hijos, por cierto que han vivido de primera mano y en primera persona los avatares profesionales tanto de su padre, como míos propios. Siempre procuré que mis intereses no interfirieran en los suyos y tanto fue así que al día de hoy, no sé si hice bien: ninguno de los dos ha seguido el camino emprendido,  ni por su padre, ni por su madre.

Si pudieras pasar un día con alguna persona famosa, ¿quién escogerías y qué harías durante ese tiempo con él o ella?

Ese momento y esa persona ya los viví en una ocasión. Nos hallábamos de viaje de estudios con los alumnos en La Rioja. Se trataba de una de aquellas “Escuelas viajeras” tan beneficiosas que organizaban las distintas Comunidades Autónomas para dar a conocer su patrimonio. Fue en un museíto de Mineralogía en el pueblo de Arnedo. Las explicaciones las estaba dando una muchachita de la forma rutinaria como se acostumbra. Llegado un momento de la visita apareció el creador y alma del museo: un anciano, antiguo empleado de una empresa eléctrica. ¡Su manera de explicar, su pasión por lo que contaba, su conocimiento del alma infantil, su generosidad, en fin, fueron tan impactantes que, sin apenas darme cuenta, me sorprendí a mí mismo derramando lágrimas de satisfacción y asombro.  Acababa de ver “in situ” la esencia de la Pedagogía ¡y en boca de un aficionado, de un espontáneo vocacional!

¿Qué cosas te causan temor?

Sólo diré una cosa: la desidia educativa en que nos vemos imbuidos. Desidia que se concreta en la manipulación política de quienes la dirigen y legislan; en la falta de investigación y apoyo al profesorado implicado en un ímprobo esfuerzo por ponerla a punto…, en la ignominia que se causa a los niños y niñas (agentes pacientes de todo el proceso( ¿Cómo se explica que en las bibliotecas escolares no exista ninguna balda dedicada a exponer los trabajos escolares de los propios niños? ¿Qué no se promocione o, al menos, tenga en cuenta su propia producción? Sus dibujos, sus textos libres, sus trabajos investigativos… (salvo alguna rarísima excepción, potenciada en su mayoría por estúpidos concursos discriminatorios y selectivos, por cierto).

Haz un epitafio para tu tumba:

“Aquí yace uno de tantos”

Isidro, tu has trabajado muchos años por la cultura de las Serranías andaluzas en diversos campos, Etnobotánica, Fiestas populares, Leyendas, Bandoleros, Brujas… Sin embargo a nivel popular, eres más conocido ahora que sales en rutas con tu burra que antes ¿Qué explicación das a semejante realidad?

El conocimiento e investigación del patrimonio de estos territorios, ha supuesto para mí un recurso didáctico, un material  esencial con el que llegar al alma, inteligencia  e intereses de los alumnos con los que trabajo. Pero no se trata de algo individual, sino fruto de la aportación colectiva, tanto de ellos mismos como de sus familias y vecinos. No se trata nada más que de, en distintas fases y niveles de complejidad, hallar en lo que nos rodea la poesía, la ciencia, el arte, la armonía, la solidaridad y el conocimiento necesarios para nuestra feliz convivencia. Convivencia con los de nuestra especie y con los demás seres y elementos que compone la Naturaleza.

Dentro de esta tarea, como te decía antes e insisto ahora,  hemos llevado a cabo una serie de materiales didácticos (muchos de ellos de excelente calidad: Cómo aprender química a través de la cerámica; Taller de transformaciones alimenticias; Taller de arquitectura a base de Adobes; Nuestros ecosistemas; Habla y Literatura en nuestras comarcas; Álbumes de cromos de Minerales, animales y plantas; El arte en la Naturaleza, etc. etc.) tienen el objetivo de,  a partir de lo cercano, llegar bien lejos. Una metodología investigativa que prepara a los alumnos a ser pioneros en el emprendimiento y la creatividad  allí donde vayan y en el campo a que se dediquen.

Sin embargo, hay un factor que me preocupa  especialmente: el del asentamiento de la población en su propio territorio. El éxodo rural y la invasión de modos de vida ajenos está despoblando y aculturizando  hasta límites insoportables el territorio rural en el que nos hallamos.  Por eso le doy vueltas y más vueltas a una idea que me obsesiona: crear una alternativa, económicamente sostenible y satisfactoria, para la gente que aún permanece en él. Y la he encontrado en un proyecto global que afecta a todos los niveles socioeconómicos: una alternativa al Camino de Santiago, aquí en el Sur, y en torno a una idea fantástica: el Camino Romántico que transcurre por toda la cordillera Penibética, desde la Bahía de Cádiz hasta Granada, pasando por Almería, Sevilla, Jaén,  Málaga, Córdoba, etc. etc. En esta ocasión se trata de retomar la filosofía romántica  a partir de las antiguas -nuevas- impresiones viajeras  para  llegar caminando hasta la Alhambra, el nuevo santuario de la sensibilidad  que nos trasmitió el mundo islámico nazarí del que  somos herederos. Una experiencia sensorial en la línea del acercamiento a la sociedad islámica, de la que tan necesitados estamos hoy en día. Molinera, mi burrita,  con quien hago el camino frecuentemente, lo contaría, sin duda,  de forma más acertada que yo mismo.

NATURALISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA: Pablo Prolongo.

Andrés Rodríguez González Enero 20th, 2020

NATURALISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA

Pablo Prolongo.

Era uno de los seis hijos del matrimonio formado por Juan Prolongo Navarro y Francisca García Moreno-Flores, formando parte de una familia acomodada de la Málaga decimonónica que se dedicaba a la actividad comercial.

En 1823, tras estudiar latín, filosofía y matemáticas en el Seminario Conciliar, entró como aprendiz en la farmacia de Félix Haenseler donde inició su interés por la Química y la Botánica. Dos años más tarde marchó a Madrid para realizar estudios superiores en la Universidad Central. En 1828, obtuvo el título de Bachiller en Artes, siguiendo al mismo tiempo cursos de Botánica, Zoología y Mineralogía en el Museo de Historia Natural. Más tarde se matriculó en la Dirección General de Minas para seguir un curso de química. El día 13 de julio de 1830 alcanzó el grado de Bachiller en Farmacia y el de Licenciado el 10 de agosto de este mismo año. Durante esta etapa madrileña, que duró hasta 1832, Prolongo entro en contacto con Simón de Rojas Clemente y Rubio y a Mariano Lagasca, recomendado por Félix Haenseler y así mismo intentó conseguir por oposición una plaza de viceprofesor de Botánica en el Museo de Historia Natural, con resultado negativo para sus intereses.

Vuelto a su ciudad natal abrió una Oficina de Farmacia en la calle Salinas que pronto se convirtió en un pequeño centro científico visitado por las más importantes figuras de la botánica europea. En 1837, Edmund Boissier viajó a España para realizar su trabajo de herborización del sur de la Península, siendo acompañado en Málaga por Pablo Prolongo y Félix Haenseler; posiblemente ya tuvieran prácticamente herborizada esta provincia, muchos de cuyos datos debieron facilitar a Boissier. Pablo Prolongo fue amigo de Heinrich Moritz Willkomm y, en 1845, prestó sus conocimientos a Edward F. Kelaart para determinar las plantas que se crían en el Peñón de Gibraltar. En diciembre de ese año fue nombrado socio corresponsal del Colegio Farmacéutico de Madrid. De nuevo, en 1846, toma parte en unas oposiciones a la Cátedra de Organografía y Fisiología Vegetal de la Universidad Central también con resultado adverso. El 15 de abril de 1849 fue nombrado socio corresponsal de la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid.

Su preocupación fundamental estaba centrada en los problemas malagueños, de manera que, conociendo las secuelas de la parasitación de la vid en la Anarquía desde 1850, estudió microscópicamente el Oidium Tuckeri; en 1854, cuando el cólera volvió a presentarse en la ciudad, aportó soluciones eficaces y baratas al problema de la desinfección, y más tarde, en 1884 estuvo al frente de una comisión nombrada al efecto por la Sociedad Malagueña de Ciencias. El día 10 de enero de 1853 fue nombrado socio de mérito de la Sociedad Económica Amigos del País de Málaga. El 4 de septiembre de 1862 se doctoró en Ciencias y poco después ocupó la Cátedra de Física en el Instituto General y Técnico de Málaga. En 1868 un incendio destruyó su Farmacia y su domicilio. Sin embargo, hasta 1882 estuvo al frente de la farmacia que tenía abierta en Puerta del Mar aunque, a partir de aquel año, había comenzado a padecer una enfermedad que le imposibilitaba caminar.

Como farmacéutico es de destacar que Pablo Prolongo fue el primero en preparar cloroformo en Málaga, lo que suponía una notable alternativa al uso del éter en la anestesia.

En 1872 con Domingo de Orueta y Aguirre, entre otros, fue fundador de la Sociedad Malagueña de Ciencias Físicas y Naturales aportando a la misma el prestigio y la tradición científica genuinamente local. Fue nombrado presidente honorario perpetuo de la misma en la sesión extraordinaria del día 21 de diciembre de 1874. Posteriormente, en 1884, fue elegido su presidente. Falleció en Málaga el 13 de junio de 1885.

Ni a Félix Haenseler ni a Pablo Prolongo se le ha dado el reconocimiento merecido por la calidad científica ni por la importancia que sus trabajos tuvieron en el descubrimiento y descripción botánica del pinsapo.

Bibliografía

ALCOBENDAS, MIGUEL, Málaga, personajes en su historia. Málaga, Arguval, 1986.

CUEVAS, CRISTÓBAL, Diccionarios de escritores de Málaga y su provincia. Madrid,

Ed. Castalia, 2002.

GARCÍA DE LA LEÑA, CECILIO, Disertación en recomendación y defensa del famoso vino malagueño Pero-Ximen y modo de formarlo. Reimpresión de la edición de Málaga, Luis de Carreras, 1792. Palabras preliminares de Modesto Laza Palacios.

LAZA  PALACIOS, MODESTO,  “Algunas observaciones geobotánicas en la Serranía de Ronda”. Boletín de la Sociedad Española de Historia Natural. Tomo XXXVI. 1936

LAZA PALACIOS, MODESTO,  “Estudios sobre la flora y la vegetación de las Sierras de Tejeda y Almijara”, Anales Inst. Bot. Cavanilles, 6(2), 1946, Pp. 217-370.

LAZA PALACIOS, MODESTO, El laboratorio de Celestina, Málaga, edita Instituto de Cultura de la Exma. Diputación de Málaga, 1958.

PÉREZ-RUBIN, JUAN, “El naturalista y farmacéutico germano-español Felix Haenseler Jeger (1780-1841) en la Málaga de su época”, Acta Botánica Malacitana tomo 37, 2012, pp. 141-162

RICO VÁZQUEZ, CARMEN, “Modesto Laza Palacios”, Revista Gibralfaro, nº 72, Mayo-Junio 2011.

NATURALISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA. Capítulo XIV. Francisco Molina. Frasquito el guarda “El guarda del pinsapar de la Sierra de las Nieves”.

Andrés Rodríguez González Febrero 14th, 2019

NATURALISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA.

Francisco Molina. Frasquito el guarda

“El  guarda del pinsapar de la Sierra de las Nieves”.

Promovido y organizado por la Asociación Senderista Pasos Largos, el seis de marzo 1997 se realizó un homenaje a Francisco Molina, popularmente conocido como Frasquito el guarda, un personaje fundamental en la conservación del pinsapar de los Montes de Propios de la Sierra de La Nieve, núcleo matriz del Parque Natural Sierra de Las Nieves.

¿Quien fue nuestro personaje?

“…Después de unas lomas entre 1.200 y 1.300 m. alt. y ya en la Sierra de La Nieve, entramos en la consocietas de Abies pinsapo casi tocando con la casita de Molina y choza, situadas junto a la fuente del Pinar. Aquí tiene Frasquito el entusiasta guardador del pinsapar un reducido albergue que él se ha construido para protegerse de las  inclemencias de la Naturaleza durante el desempeño de su misión (Depende de Guardería Forestal del Cuerpo de Montes. Hace ya tiempo que una sociedad y elementos culturales de Málaga se interesan por que el pinsapar sea declarado Parque Nacional. Pero nada se ha conseguido todavía).

Es Francisco un hombre franco, cordial y entendido, muy amante de sus pinsapos como admirador de su mérito; nos atendió admirablemente y debo advertir que no hay necesidad de recomendación para ello, pues le basta saber que uno se interesa por los pinsapos para que le sirva y atienda y le colme de atenciones. Molina conocía muy bien a Gros a quien había acompañado años atrás en la búsqueda de Atropa baetica por estas sierras…”.

Con estas palabras describía José Cuatrecasas en 1930 su encuentro con Frasquito Molina,  nuestro personaje,  en un artículo titulado  “Una visita al pinsapar de Sierra de la Nieve”,  publicado en el Butleti del Institució Catalana d´Historia Natural, 2ª serie; Barcelona.

Otros autores y viajeros también conocieron y estimaron la compañía de Frasquito.

En Mayo de 1.917 Fernando de los Ríos hizo una excursión de Málaga a Ronda con su amigo Pablo de Azcarate quien tuvo el acierto de tomar notas detalladas del itinerario, notas  que  fueron  publicadas  en  la revista Javega en 1.981. El autor hace una pequeña introducción en la que entre otras cosas dice:  “Hace algún tiempo encontré entre mis papeles  un  viejo cuaderno con mis notas sobre la excursión que hice  acompañando a Fernando de los Ríos en el mes de Mayo de 1.917, por lo que estoy tentado a llamar “su” Serranía de Ronda; tal era la emoción y el amor con que contemplaba aquellas lomas y barrancos y conversaba con aquellos solemnes y sentenciosos campesinos”.

El relato contiene  jugosos contenidos, desde la descripción de las tres horas de camino que tardaron entre Fuengirola y Marbella o el resumen detallado del presupuesto anual de Parauta (12.560 pts).

Tomamos textualmente la descripción de la subida al Torrecilla que realizaron el día 27 de Mayo. Dice así: “Excursión a la sierra de Tolox para subir a la Torrecilla, lo más alto de la Serranía: 1.918 metros (según Orueta), y a la vuelta ver el pinsapal. Salimos del cortijo a las siete de la mañana; es necesario llevar un buen guía; los caminos son terribles; no viéndolo no se creería que por ellos se pueda ir a caballo. Desde el primer alto intentamos ver cabras monteses sin conseguirlo. Después, a la izquierda vista de  Ronda. Se atraviesan una especie de hoyas que recuerdan a los puertos de Peña Ubiña en la montaña de León. Por allí encontramos al guarda del pinsapar, un viejo muy templado y famoso que nos acompañó todo el día, y algún pastor de los rebaños de ovejas que por allí abundan”.

Efectivamente Frasquito era un entusiasta guarda del pinsapar, estimado por los botánicos por su amabilidad, atención, dedicación y entendimiento del tema; pero también por la gente del pueblo en Ronda. Según cuentan sus familiares más directos, dos ancianos sobrinos José y Miguel Molina González, Frasquito recogía leña para traerla al asilo de ancianos de Ronda, ciudad en la que vivía (Calle Real 11) y donde bajaba una vez a la semana.

Frasquito Molina García tenía 11 hermanos, él hacía el cuarto de mayor edad, estuvo de guarda unos 50 años sí contamos los anteriores y posteriores a la Guerra Civil. Con su caballo de nombre “Picuo” y su perro setter ingles llamado “Yanqui” cuidaba el pinsapar bajo las ordenes del ingeniero jefe D. Eladio Caro. Persona querida y respetada por todos desde  los bandoleros Flores Arrocha y Pasos Largos con los que convivió en la zona, los botánicos y viajeros que pasaron por el pinsapar de Ronda y la gente del pueblo llano, buena prueba de ello es que lo mantuvieron en su puesto una vez superado el terrible drama de la Guerra Civil española.

Aún se conserva la “Fuente  de Molina” (fuente del Pinar), junto a la que tenía la choza; en un enorme pinsapo seco se construyó un asiento a modo de mirador y las raíces descarnadas de otro servían para  casa a su perro “Yanqui”. La fuente no está lejos del actual refugio de Quejigales, junto al camino que conduce al pinsapar de la “cañada de Las Animas”.

Un hermano de Frasquito, de nombre Cristóbal, fue el primer guarda de la Alameda de Ronda, a éste le siguió en el cargo su hijo.

Gracias a la amabilidad de sus dos sobrinos, nonagenarios pero con buena memoria y salud, hemos podido recopilar algunos de  estos datos. Desde aquí nuestro agradecimiento.

Las fotos antiguas las ha cedido para su publicación Rafael Flores, a quien agradezco el detalle. También que me haya permitido usar el texto anterior que elaboramos los dos y utilizamos como memoria informativa para pedir a la Delegación Provincial de Medio Ambiente la realización de un homenaje y colocación de una placa conmemorativa a Francisco Molina.

Bibliografía

CUATRECASAS ARUMI, JOSEP, “Una vista al Pinsapar de la Sierra de La Nieve”, Butleti Institucío Catalana d´Historia Natural 2ª Serie 10,  1930, Pp. 65- 67.

FLORES DOMINGUEZ, RAFAEL y RODRIGUEZ GONZALEZ ANDRÉS, La Sierra de las Nieves. Guía del Excursionista, Ronda, Editorial La Serranía, 2005.

NATURALISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA: Luis Ceballos y Fernández de Córdoba

Andrés Rodríguez González Enero 4th, 2019

NATURALISTAS EN LA SERRANÍA DE RONDA

Luis Ceballos y Fernández de Córdoba

“El gran Ingeniero de Montes español y la Serranía de Ronda”

Mi amigo Ernesto Fernández Sanmartín es persona ocurrente y de rico anecdotario además de experto senderista y botánico paisajista. En las excursiones que cada año hacemos por el pinsapar de la Sierra de Las Nieves, suele contar entre otras muchas, la siguiente anécdota:

Cuando modificaron el nombre del Mirador del Caucón para dedicar ese lugar al insigne personaje del presente capítulo, quisieron que asistiera al acto D. Luis Ceballos. Ya bastante mayor  y de salud delicada  por su edad, declino la invitación con una contestación bastante escéptica, dijo:

- ¿Bosques de Pinsapos? Pero ¿Todavía existen?

Luis Ceballos y Fernández de Córdoba, fue Ingeniero de Montes y está considerado unos de los primeros y principales Naturalistas de nuestro país.

Nació en San Lorenzo de El Escorial el 31 de julio de 1896, muere el 31 de julio de 1896. Hijo de Luis Ceballos Medrano, ingeniero de Montes y profesor de Topografía y Geodesia de la Escuela Especial San Lorenzo de Ingenieros de Montes.

Su hermano mayor, Gonzalo, llegaría a ser un prestigioso entomólogo.

En 1914 ingresó en Escuela de Montes y en 1920 termina la carrera de Ingeniero de Montes en Madrid. Entre 1924 y 1928 trabaja en la Unión Resinera Española, Luego, entra en el IFIE (Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias) y comienza su verdadera especialidad, la de botánico y dendrólogo. Entre 1928-1932 trabaja con Manuel Martín Bolaños, en la zona de Cádiz y Málaga y en Marruecos,  y fue una continuación de los estudios sobre el Abies pinsapo Boiss. Los resultados de esos trabajos fueron la publicación en 1928 en “Conferencias y Reseñas Científicas de la Real Sociedad Española de Historia Natural” y de modo más extenso en el Boletín del Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias.

Su contacto con la naturaleza norteafricana fue breve. Dejando aparte el período de nueve meses en que fue movilizado para prestar servicio militar en Yebala (1921-1922), se limitó a la visita que hizo en la primavera de 1928 a las masas boscosas del monte Magó, en las proximidades del Xauen. Con Manuel Martín Bolaños publica un trabajo sobre el abeto de Marruecos  y otras investigaciones relacionadas con la Serranía de Ronda y la Sierra de Grazalema. En 1932, en colaboración con Carlos Vicioso, sale a la luz un trabajo de 285 páginas prólogo de Joaquín María Casteillarnau, titulado “Notas sobre la flora malagueña”. Fruto de sus investigaciones en las provincias de Málaga y Cádiz son dos de sus obras maestras, el “Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz. Mapa forestal de esta provincia”,  publicado en 1930, con Manuel Martín Bolaños  y el “Estudio sobre la vegetación y la flora forestal de la provincia de Málaga y Mapa forestal de esta provincia”, en1933, con Carlos Vicioso.

En años sucesivos, recorre España haciendo estudios  publicándo sobre bosques y matorrales.

En 1939, junto con Ximenez de Embún realiza el Plan General de Repoblación Forestal de España, que fue la base para la gran labor repobladora de la posguerra. Comienza 1940 siendo nombrado profesor de Botánica y Geografía Botánica en la Escuela Especial de Ingenieros de Montes. En 1941 diseña Los jardines de la Ciudad Universitaria Madrileña y el arboreto de la Escuela de Ingenieros de Montes. Estuvo en la sierra de Gúdar (Teruel), y en 1941 aparece el fruto de este trabajo sobre el Pinus uncinata Ram. Entre 1940 y 1945 fue consejero del Patrimonio Forestal del Estado.

La lección inaugural en la Escuela Especial de Ingenieros de Montes del curso 1945-46 fue a su cargo, disertando respecto a tres coníferas mediterráneas muy especiales para él: Cedro, ciprés y pinsapo.

El 12 de diciembre de 1945, con 49 años, Luis Ceballos leyó su discurso de ingreso en la Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales: Los matorrales españoles y su significación. Hasta 1951, redactó junto a Francisco Ortuño varios trabajos sobre la flora canaria y es coautor en 1955 del libro Elementos de Historia Natural, publicado por la Escuela. En septiembre de 1956 es nombrado doctor Honoris Causa por la Universidad Técnica de Lisboa. En 1958 realiza una actividad por la que los que nos interesa el mundo de los árboles le estaremos eternamente agradecidos, contribuye a que el Museo del Prado de Madrid, por necesidades de espacio, no se anexione el colindante Jardín Botánico, al que muchas personas consideran un recinto indigno y obsoleto y que él eleva a categoría de Cátedra. En 1959 le es concedida la Gran Cruz del Mérito Agrícola, y en 1964, la Gran Cruz de Alfonso X el Sabio. Entre 1961 y 1966 (año de su jubilación) fue consejero del Consejo Superior de Montes. Antes de jubilarse quiso hacer un Mapa Forestal de cada provincia pero debido a sus posibilidades físicas, emprendió lo que fue su obra magna: el Mapa Forestal de España.

En 1965 ingresa en la Real Academia Española de la Lengua y diserta sobre La flora del Quijote.

Antes de jubilarse quiso hacer un Mapa Forestal de cada provincia, pero, comprendiendo que esta obra sobrepasaría sus posibilidades físicas, emprendió lo que fue su obra magna: el Mapa Forestal de España.

El 15 de noviembre sufrió la paralización del brazo derecho, y pese a ello escribió el discurso que pensaba pronunciar el 25 de enero en su recepción como miembro de honor del Instituto de Ingenieros Civiles, pero el 7 de enero, una hemiplejia le dejó sin habla.

Otras obras interesantes de D. Luis Ceballos fueron:

• Notas sobre el aspecto botánico-forestal de las serranías de Ronda y Grazalema, 1928. (Coautor con Manuel Martín Bolaños.

• El pinsapo y el abeto de Marruecos, 1928. (Coautor con Manuel  Marín Bolaños).

• El abeto de Marruecos. Una excursión al monte Magó, 1928. (Coautor con Manuel Martín Bolaños).

• Notas botánicas sobre algunos aspectos de la flora forestal de Cadiz, 1929. (Coautor con Manuel Martín Bolaños).

• Notas sobre flora gaditana. Descripción de una notable asociación de plantas ripícolas, 1929.

• Notas sobre flora gaditana. Contribución al estudio de la composición botánica de los pastizales de monte, 1930. (Coautor con Manuel Martín Bolaños).

• Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz. Mapa forestal de esta provincia, 1930. (Coautor con Manuel Martín Bolaños).

• Estudio sobre la vegetación y la flora forestal de la provincia de Málaga y Mapa forestal de esta provincia, 1933. (Coautor con Carlos Vicioso).

• Notas sobre los sabinares de Juniperus thurifera L., con especial referencia a los montes de Soria, 1934.

• Regresión del encinar (Quercetum ilicis) en los terrenos graníticos próximos a Ávi-la, 1935.

• Regresión y óptimo de la vegetación en los montes españoles. Significación de los pinares, 1938.

• Síntesis de los aspectos de la vegetación en los montes españoles, 1944.

• La Fitosociología como auxiliar de la téc-nica forestal, 1948.

• La laurisilva canaria.

• Notas sobre flora canadiense, 1947. (Coautor con Francisco Ortuño).

Es mucho lo que debe la botánica, y especialmente la Flora Forestal a D. Luis Ceballos. Fue él en impulsor del conocimiento, defensa y regeneración de los bosques en España. Hasta su llegada los trabajos sobre bosques españoles se pueden resumir con no muchas palabras. La Ingeniería de Montes nace en 1859 y, en sus inicios en nuestro país, estuvo muy asociada a la Comisión de Estadística que tenía como objetivo promulgar una Ley de Medición del Territorio. Desde el año anterior, la Comisión de Estadística estaba reorganizándose, incorporando nuevos miembros, proceso que culminó en 1861 pasando a denominarse junta General de Estadística. El nuevo impulso ocasionó un replanteo de los trabajos bajo una visión mucho más amplia que comprendía, entre otros, mapa geográfico, geológico, forestal e itinerarios. Se inician los trabajos denominados Avance del Mapa Forestal por parte de Francisco García Martino, que aportó los conocimientos sobre cartografía forestal que había adquirido en la Escuela de Tharandt y le sirvieron para realizar los primeros planos dasográficos. Además, él ya había hecho el levantamiento de planos de la misma naturaleza en Río Tinto, entre 1855-56.

Se realizan trabajos por las brigadas de reconocimiento desde 1853, que son unidos a la información recogida durante la campaña para la elaboración de la Clasificación General de los Montes Públicos de 1859, además de noticias suministradas desde los distintos distritos forestales. En 1860, cuando se iniciaron los trabajos, se preveía que durasen cinco años. Una de las pocas publicaciones de la junta de Estadística fue el plano de rodales de la Garganta, de los propios de El Espinar. En el lustro de 1860 a 1865, año en el que fue suspendida la actividad de la Junta de Estadística, se había realizado el trabajo de 28 provincias. Los planos de Martino son el comienzo de la era moderna de la cartografía forestal española.El 10 de junio de 1868, se creó la Comisión del Mapa Forestal de España. En julio de  1869 se creó la Dirección General de Estadística, de la cual se mantenía segregada la cartografía forestal. Tras diecinueve años de trabajos intensos, y sin apenas alguna publicación forestal emanada de los mismos, en marzo de 1887 se disuelve la Comisión del Mapa. El 5 de noviembre de 1866 se creó la Comisión de la Flora Forestal Española en la que participa un conocido ingeniero que realizó trabajos en la Serranía de Ronda, Máximo Laguna. La disolución de la Comisión del Mapa supuso el final de la cartografía forestal bajo un contexto científico, y hubo que esperar medio siglo para que se reiniciara la labor cartográfica forestal de nuevo. No obstante, el vacío dejado no fue total debido a los continuos mapas, bocetos y croquis asociados a los proyectos técnicos de los Ingenieros de Montes

La creación del Instituto Forestal recondujo las líneas de investigación y, entre ellas, volvió a ver la luz la cartografía forestal. La Sección de la Flora y Mapa Forestal del Instituto se planteó un ambicioso programa científico relativo a la recuperación de la cartografía forestal.

A finales de 1927 se comenzó a diseñar el plan de trabajos de la Sección de Flora Forestal y Mapa del Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias. Se comenzó por la provincia de Cádiz por que se habían elaborado diversos trabajos previos como el Catálogo de Montes,  descripciones y estudios geográficos como los de Gavala y algunas publicaciones sobre vegetación ya disponibles, pero sobre todo, los argumentos que primaron fueron las condiciones naturales de la provincia, en el prólogo de la edición original se refleja textualmente “una región sin duda, de las de más variada flora de España, que poseé en su zona montañosa la masa de alcornocal más extensa de Andalucía y el más valioso bosque de pinsapo, sin contar sus variadísimas asociaciones vegetales, del mayor interés botánico y selvícola”.

La finalidad del trabajo emprendido era eminentemente práctica “…marcando orientaciones para el mejor aprovechamiento futuro del terreno forestal”.

Los intensos trabajos de Luis Ceballos y Manuel Martín Bolaños duraron tres años, entre 1928 y 1930, les hicieron recorrer con intensidad toda la provincia, recopilando gran número de datos y observaciones que les permitieron realizar varias publicaciones y el Estudio sobre la Vegetación Forestal de la Provincia de Cádiz, que se editó como complemento al mapa forestal. Lo que nacio como un complemento al mapa fue ampliado con las muchas observaciones y datos recopilado hasta convertirse en un exhaustivo y completo trabajo. Una referencia en todos los trabajos posteriores sobre vegetación no sólo de la provincia de Cádiz, también de Andalucía.

En todo el volumen se dejan notar las continuas referencias a la presión humana sobre el medio forestal. Es necesario tener en cuenta  que el aquellos años más de la mitad de la población se dedicaba al sector agrícola  y ganadero, por ello, acciones como la tala de bosques para obtención de leña, el carboneo, el pastoreo abusivo, los incendios forestales, la caza mayor y otras causaban una enorme presión en los montes, presión que no decreció hasta que en los años sesenta cuando la emigración masiva y el uso de combustibles fósiles, liberaron de esa presión a la foresta de los campos andaluces.

A pesar de que tanto el “Estudio de la vegetación forestal…” de Cádiz primero y Málaga después se pueden considerar libros de juventud de Ceballos y sus coautores, sorprenden por la madurez y el sentido común de sus planteamientos, por sus conocimientos técnicos, sus elaborados textos, su defensa del Medio Ambiente y, sobre todo, destacan por la meticulosidad y el trabajo bien hecho. En definitiva, se pueden definir como dos obras científicas de calidad excepcional.

Poco antes de la Guerra Civil aparece el personaje clave de Luis Ceballos en el mundo de la ingeniería forestal. Irrumpe con dos obras maestras en las que está presente la comarca de la Serranía de Ronda. Bajo su dirección colaboran Manuel Martín Bolaños y el ayudante Carlos Vicioso. Luis Ceballos publicó el Mapa Forestal de la provincia de Cádiz (1931), y el Mapa Forestal de la provincia de Málaga (1933), a los que se sumaron el de Canarias (1951) y el de Lérida (1954). Carlos Vicioso publica dos trabajos con Luis Ceballos que incluyen la Serranía de Ronda, son “Materiales para el estudio de la flora malagueña”, en 1932, y el “Estudio sobre la vegetación y la flora forestal de la provincia de Málaga”, 1933.

Manuel Martín Bolaños, al organizarse en 1927 el Instituto Forestal, y en él la Sección de Flora y Mapa Forestal, pasa a integrarse en la misma, colaborando con Luis Ceballos en la confección del Mapa Forestal de la Provincia de Cádiz y en la redacción de la Memoria correspondiente. Estos trabajos dieron lugar a un estudio detallado de la Serranía de Ronda y sus pinsapares, que, para ampliar el conocimiento de su significación, la realización por parte de ambos jóvenes investigadores de excursiones a las montañas de Gomara, Montes Magó, en Chefchauen, Marruecos. Con motivo de los referidos estudios se establecieron una temporada Luis Ceballos y los dos colaboradores en Ronda. Manuel Martín Bolaños  fue un personaje de conocimientos e inquietudes muy amplias, además de un magnífico investigador en temas de vegetación y un gran viajero. Como muestra de la universalidad de sus inquietudes es el hecho de que en el primer lustro de los años treinta ideara y desarrollara un sistema para evitar el descarrilamiento de los ferrocarriles, que debió ser sumamente parecido al luego empleado en el Talgo. Este invento fue plasmado en una maqueta a escala y ensayado hacia 1935 o 1936, no pudiendo precisar si en las Minas de Riotinto o en el Estadio del Onuba, club de fútbol de Huelva, que así se llamaba entonces.

D. Luis Ceballos siempre tuvo presente la importancia capital de los bosques en España y su regeneración, cosa que, a veces le llevó a desencuentros con otros ingenieros  y con la administración del dictador. Sirva como ejemplo una frase que D. Luis solía utilizar a veces, “El bosque es una población vegetal y no un ejército de árboles”.

Por fin, en 1966, poco antes de morir, Luis Ceballos publica su obra cumbre, el Mapa Forestal de España, de contenido exclusivamente cartográfico.

El 3 de noviembre de 2016 se conmemoraron el centenario de su nacimiento y los 20 años de la creación del Arboleto Luis Ceballos en El Escorial.

Bibliografía

CEBALLOS, LUIS y MARTÍN BOLAÑOS, MANUEL, Estudio sobre la vegetación forestal de la provincia de Cádiz. Madrid, 1930. Edición facsímil realizada por la Consejería de Medio Ambiente, Sevilla año 2000

CEBALLOS, LUIS y VICIOSO, CARLOS,  Estudio sobre la vegetación y la flora forestal de la provincia de Málaga, Madrid, edita Instituto Forestal de Investigaciones y Experiencias, 1933.

Naturalistas en la Serranía de Ronda: Domingo de Orueta y Aguirre

Andrés Rodríguez González Diciembre 13th, 2018

Domingo de Orueta y Aguirre

El libro Naturalistas en la Serranía de Ronda se editará en la primavera  de 2019, uno de los personajes que no podía faltar es el que sigue.

Domingo de Orueta y Duarte, siempre consideró sus maestros por excelencia a José MacPherson, del que ya hemos hablado en el capítulo anterior, a su profesor de la escuela de Minas, Lucas Mallada Pueyo (que no será objeto de estudio al no estar vinculado a la comarca) y a su padre Domingo de Orueta y Aguirre, objeto del presente capítulo.

La Serranía de Ronda siempre ha atraido a visitantes ilustres, a viajeros románticos,  turistas, aventureros adinerados o no, pintores paisajistas, investigadores y otros muchos ilustrados. En este último caso, las dificultades que la estructura geológica de la comarca tiene, ha sido un atractivo importante para muchos de ellos. Por sólo citar algunos relacionados con el mundo científico, podemos comentar que en 1.775 el irlandés Bowles viene a España para mejorar las explotaciones de Almadén e inspeccionar la minería del país. Ya retirado, visitó gran parte de la península y en su largo recorrido llegó a Ronda, donde estudió la geología y las explotaciones mineras de la zona. Sus observaciones fueron publicadas en un libro titulado “Historia Natural de España”. En el siglo XIX el francés De Vernuil recorrió la Serranía y recopiló una excelente colección de fósiles, además publicó varios artículos sobre paleontología y sobre la constitución geológica de España y de la Serranía, en particular sobre la comunicación entre el Atlántico y el Mediterráneo.

Domingo de Orueta y Aguirre había nacido en Málaga el día 15 de octubre de 1833. Hijo de Domingo de Orueta y Aguirre (es curioso su mismo nombre), era el menor de tres hermanos. Su padre tenía una situación económica desahogada. Después de emigrar de su casa de origen de Oñati, estableció una casa de comercio en Cádiz en 1813, poco después ante la difícil situación económica de la ciudad decidió probar fortuna en América donde se estableció en 1815, regresando de nuevo a Cádiz en 1821. Ya casado con su prima hermana María del Pilar y con un hijo, a finales de ese mismo año decide trasladar la casa de comercio a Málaga, una ciudad dinámica y en crecimiento. Hombre muy hábil en los negocios establece relaciones con las grandes familias influyentes en la pujanza industrial y comercial de la ciudad. Familias como los Livermore,  Heredia, Larios, Loring fueron algunas de las que destacaron en aquella floreciente Málaga. Con ellas se relacionaban los Orueta y con alguna de ellas emparentaron por matrimonio. Su casa en Málaga estaba establecida en Cortina del Muelle 65, junto a la de los Heredia.

 La casa de comercio de Orueta progreso y los Orueta desarrollaron nuevos negocios que les permitieron una gran prosperidad. El joven Domingo de Orueta  fue enviado a Inglaterra a cursar estudios secundarios en el Clever Green, donde habían estudiado sus hermanos Ricardo y Pedro  Antonio con excelentes resultados. Su formación en el  colegio inglés fue entre los años 1846 y 1850. En 1858 emprende un viaje por Europa acompañado por su amigo Joaquín García de Toledo en un viaje pagado por su abuela María del Pilar. De Francia pasaron a Italia, recorriendo Roma, Nápoles y alrededores, Florencia, Bolonia, Venecia y Milán. En Suiza estuvieron más de un mes recorriéndola entera a pie con mochila. Suiza marcó profundamente  Domingo y le generó una gran afición por la Geología en particular y las Ciencias Naturales en general. Pasaron a Alemania, después Bruselas,  Amberes y Paris desde donde viajaron a Londres. De  regreso a París viajaron a Bayona desde donde viajaron a Madrid en diligencia. En Madrid permanecieron varios días hasta regresar a Sevilla y Cádiz donde os dos amigos se separaron. Domingo regreso a Málaga y Joaquín a Lisboa. Como consecuencia de dicho  viaje Domigo escribió un libro titulado “Descripción de un viaje a Suiza e Italia”.

 En ese viaje se desarrollo su afición científica, con cierto disgusto de su padre que observaba como su hijo no mostraba el menor interés por los negocios familiares. Se dedica a adquirir y leer  libros de Ciencias especialmente. Llegó a tener una biblioteca de 2.200 volúmenes que a su muerte fueron cedidos a la Institución Libre de Enseñanza. Pero  no sólo le interesaba la Geología, también dominaba el mundo clásico de Roma y Grecia, la literatura clásica y el Arte. Y todo ello adquirido de una forma autodidacta.

Domingo se casó en 1861 con Francisca Duarte, hija de un acaudalado hombre de negocios malagueño de ascendencia portuguesa. El día 24 de enero del año siguiente nació su hijo primogénito al que llamaron según la tradición familiar Domingo, Chomin para la familia. En esos tiempos vivían en una casa de la calle Muelle Nuevo. Los negocios familiares marchaban bien y su situación económica era más que desahogada. Domingo de Orueta y Aguirre se integró en la Sociedad Económica de Amigos del País en 1.862. Dos años después nace su segundo hijo que recibió el nombre de Luis. En 1.868 se trasladan a una casa en la calle Cortina del  Muelle donde nace su tercer hijo que recibe el nombre de Ricardo en recuerdo de su  hermano fallecido unos años atrás de un terrible cáncer en la boca. Posteriormente nacen sus hijos Jorge, María y Leonor.

Durante esos años Domingo continuó, de manera autodidacta, su formación científica, a base de lecturas sin descanso de libros, especialmente de Geología y de Paleontología.  Hacía frecuentes excursiones por la provincia y anotaba cuidadosamente sus experiencias en cuadernos de campo. Uno de sus acompañantes habituales era José Mac Pherson, nuestro personaje del capítulo anterior, también geólogo autodidacta con el que hizo numerosos excursiones por las Cordilleras Béticas. Domingo también era aficionado a la Entomología y se ayudaba en sus estudios de insectos de un microscopio adquirido en Londres. Llegó a adquirir un gran dominio en la microscopia, dominio que fue heredado y ampliado por su hijo Chomin que llegó a tener renombre internacional en ese campo. Lo veremos en el capítulo dedicado al personaje. En  1870 descubrió un yacimiento de mineral de Bismuto en la cuenca del río Padrón, en Estepona .  Más adelante su hijo descubrió en ese yacimiento el mineral que lleva el nombre de Oruetita. Fruto de sus investigaciones son las publicaciones sobre la Geología de la Provincia de Málaga que se citan a continuación.

“Algunas consideraciones sobre la geología de las proximidades de Málaga”.

En noviembre de 1873 pronuncia una conferencia en la Sociedad Malagueña de Ciencias que se publicó al año siguiente sobre “Los Barros de Los Tejares”. El estudio también fue publicado en la Sociedad Española de Historia Natural en Madrid en 1877 por su importancia.

El 14 de septiembre de 1874, Orueta y Aguirre pronunció una conferencia en la Sociedad Malagueña de Ciencias titulada “Bosquejo geológico de la parte Suroeste de la provincia de Málaga”.

La última de sus publicaciones se titula “Bosquejo geológico de la región septentrional de la provincia de Málaga”.

En reconocimiento a sus estudios, el Gobierno concedió a Domigo de Orueta y Aguirre la Encomienda de la Orden de Isabel la Católica en 1876. La Real Academia de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales de Madrid le nombró Socio Corresponsal en 1877. Persona modesta, nunca hizo ostentación de los reconocimientos recibidos.

En el año 1872 tuvo lugar en Málaga la fundación de la Sociedad Malagueña de Ciencias Físicas y Naturales, más conocida como “Sociedad Malagueña de Ciencias”.  En pleno sexenio revolucionario que tuvo su culminación con la liquidación del reinado de Isabel II, se abre un periodo de liberación ideológica respecto a los valores tradicionales, no solo en España, también en toda Europa a través de la expansión de la industrialización. Sus bases fundamentales están marcadas por los valores de las ciencias empíricas y experimentales y la consideración de la ciencia como único instrumento que puede garantizar el progreso humano.

Una de las figuras más destacadas del periodo fundacional de la Academia fue el malagueño Pablo Prolongo García (1806-1885), importante botánico que colabora con Boissier el descubridor científico del pinsapo.  

La Sociedad Malagueña de Ciencias nace en un periodo de decadencia económica, con sus actividades intentó dar un respuesta científica a los problemas de la sociedad malagueña aplicando postulados “positivistas” de los que Domingo de Orueta Aguirre era firme defensor. (El positivismo es un pensamiento filosófico que afirma que el conocimiento auténtico es el conocimiento científico y que tal conocimiento solamente puede surgir de la afirmación de las hipótesis a través del método científico).

No sólo mostraba preocupación por la Ciencia, también por cuestiones sociales, económicas e industriales. Buena fe de ello dan las actuaciones que llevo a cabo en los siguientes temas: Vacunación contra la viruela en la epidemia de 1874, medidas contra la comercialización de la carne parasitada por triquina, enfermedad de los cítricos de 1884, epidemia de cólera de 1884, informe sobre los terremotos de 1884 y 1855, epidemia de Phyllosera entre 1878 1885. En este último punto el estudio llevado a cabo por la “Sociedad”  hizo hincapié en el impacto que esta epidemia hizo en el sector vitivinícola de Málaga que era de los más activos económicamente de la comarca, Domingo de Orueta a través de observaciones microscópicas identificó que el origen de la enfermedad era el insecto denominado Phyllosera vastratix, y realizaron propuesta para actuar contra el parásito. Por intereses económicos las medidas propuestas por la “Sociedad” no fueron tomadas en consideración y la epidemia siguió su cauce destructivo hasta acabar con casi todos los viñedos malagueños en 1885, una realidad que vino a dar la puntilla a la terrible crisis económica que afecto a Málaga y que se inicio en los años sesenta del siglo diecinueve.

En 1882, Domingo de Orueta, que ejercía la profesión de corredor de comercio sufre un fuerte revés anímico con la muerte de su esposa, Paca, afectada por tisis pulmonar.

Nuestro personaje siguió su labor investigadora centrada en esos momentos con estudios sobre los Terremotos de 1884 1885. Estuvo relacionado con el movimiento Krausiano a través del rondeño Giner de Los Ríos y la Institución Libre de Enseñanza. En 1887 junto a otros malagueños, funda la “Asociación Malagueña para Estudios de la Mujer” que fomentaba la instrucción en la provincia de Málaga sin limitaciones de sexo, edad ni lugar de residencia. Es un ejemplo de sus muchas preocupaciones sociales y su afán de difundir el conocimiento.

Domingo de Orueta y Aguirre murió de forma repentina el día 19 de febrero de 1891. Su muerte causó un gran impacto en la “Sociedad Malagueña de Ciencias” creada por él y en la ciudad de Málaga donde era muy conocido y apreciado.

 

Bibliografía

aunamendi.eusko-ikaskuntza.eus/

Manuel de Orueta González. De Aingerukua a Cortina del Muelle. 282 páginas. 1998 Ediciones Moretón.

www.laserranianatural.com

Naturalistas en la Serranía de Ronda: Domingo de Orueta y Duarte

Andrés Rodríguez González Abril 4th, 2018


CAPÍTULO 4.- Domingo de Orueta y Duarte

Hijo de Domingo de Orueta y Aguirre, consideró siempre como sus “maestros” a su padre, a José MacPherson y a su profesor de la escuela de minas Lucas Mallada y Pueyo.

Había nacido Domingo de Orueta y Duarte en Málaga, el 24 de enero de 1862. En esa ciudad realizó sus estudios primarios y los de Perito Químico, ampliando conocimientos en Inglaterra, verdadero origen de su formación científica. En 1880 ingresa en la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid, realizando una brillante carrera que finaliza en 1885 con el número uno de su promoción y calificación de sobresaliente.

A las frecuentes excursiones geológicas que realizaban los dos grandes amigos, Orueta y Aguirre y MacPherson, se sumaba cada vez que sus estudios se lo permitían, Domingo de Orueta y Duarte, que bien pronto se aficionó a la geología y la microscopia. Muchas de esas excursiones geológicas se realizaban en la Serranía de Ronda, por lo que alcanzó un completo conocimiento de la comarca

En diciembre de 1884 y enero de 1885, tuvieron lugar una serie de terremotos en Andalucía, que afectaron especialmente a Granada y Málaga. Orueta, aún estudiante, se encontraba pasando sus vacaciones invernales en la casa familiar malagueña y tuvo oportunidad de conocer directamente sobre el terreno los daños producidos por los seísmos. Con un permiso especial del Director de la Escuela de Minas, Orueta realizó un informe en el que destaca ya la relación de lo ocurrido con las características geológicas de la zona, muy poco conocidas en esos momentos. La Sociedad Malagueña de Ciencias en su sesión del 5 de febrero de 1885 acordó publicar los resultados, cosa que se hizo con el título “Informe sobre los terremotos ocurridos en el Sud de España en diciembre de 1884 y enero de 1885”. En dicho informe y en contra de la teoría vigente en aquellos años (la llamada Teoría Focal que establece la disminución de la intensidad del terremoto a medida que se aleja del foco), Orueta  interpreta este terremoto aplicando otra teoría que anunciaba que las fallas perpendiculares a la dirección del movimiento sísmico producen una disminución de la intensidad, mientras que las fallas paralelas a la dirección del movimiento sísmico producen un aumento de la intensidad del mismo. Esta ley, anunciada por Orueta y Duarte, explicaba las razones por las que al lado de pueblos totalmente destruidos existían otros que apenas habían sufrido daños.  Esta teoría fue presentada en la Sociedad Malagueña de Ciencias y en la Sociedad Española de Historia Natural por medio de conferencias pronunciadas por el joven ingeniero Orueta y Duarte.

Meses después José MacPherson defendió esta nueva interpretación por medio de otra conferencia completando la teoría que relacionaba los daños en los terremotos con las fallas tectónicas. Dos geólogos españoles, andaluces se adelantaron veinte años al enunciado de la “Teoría las Líneas Nomotectónicas” desarrollada por el geólogo norteamericano Willians H. Hobss.

También durante el curso 1884-1885, y fruto de su amistad con Macpherson, imparte clases de Geología y Minas en la Institución Libre de Enseñanza en Madrid. En su Boletín publica Orueta sus primeros trabajos científicos en los que ya ofrece resultados y preparaciones microscópicas, una práctica que lo convierte en la autoridad española en esa materia, hasta tal punto que montó en su propia casa un laboratorio perfectamente equipado.

Inicia su actividad profesional en la ferrería Heredia de Málaga en 1886. La siderurgia malagueña ya estaba en declive. En 1884 había cerrado la Concepción de Málaga, los Altos Hornos de La Constancia se cerraron en1885. A finales de 1886, viendo el pobre futuro de la industria Heredia –que se cerró en 1891- comienza a trabajar en las minas de carbón de Orbó (Palencia) y Matallana (León), durante esos años también fue profesor de la ILE. En 1887 ingresa en el cuerpo de Ingenieros de Minas. Al año siguiente es profesor de la Escuela deCapataces de Mieres, en Asturias donde dio clases hasta 1913 en que se traslado a vivir a Madrid. En 1889 es nombrado Ingeniero-Director de la fábrica de Mieres.

En 1892 crea su propia fábrica en Gijón. Además de la fabricación de materiales de metal, desarrolla una patente y construye un contenedor metálico para envasado y transporte  de mercurio que le reportan grandes beneficios económicos. Los frascos de envasado de azogue en aquella época eran un gran problema, su rotura en el transporte, y la imposibilidad de recuperar el material una vez derramado, desde las minas de Almadén ocasionaba grandes pérdidas económicas e incluso afectaba a la salud de los transportistas, por ello el desarrollo de un frasco que permitía transportar el mercurio con seguridad hizo que la fábrica Orueta contratara en exclusiva con las minas de Almadén la producción de esos frascos.

Domingo de Orueta y Duarte desarrollo una amplia actividad social en Gijón, hombre de profundas convicciones, a raíz de un conflicto laboral en la siderurgia de la ciudad, sufrió un atentado en plena calle y fue tiroteado por un obrero anarquista en día 24 de junio de 1910 en el que recibió un impacto de bala en el glúteo, el autor fue arrestado inmediatamente. Domingo de Orueta se recuperó sin mayores consecuencias.

Su independencia económica le permitío dedicarse a las labores que realmente amaba: La microscopía y la investigación geológica. Para ambas se necesitan grandes conocimientos geológicos y, en gran parte, los había adquirido directamente en el campo, en sus excursiones con su padre y MacPherson. Sus desplazamientos al extranjero por motivos profesionales, le  permitieron contactar con expertos europeos en microscopia y con las grandes casas comerciales como Zeiss de la que fue nombrado “Colaborador en España”. En su casa consiguió crear un laboratorio de Microscopía y Ciencias Naturales y publicar más de veinticinco trabajos de investigación y libros sobre estos temas. Uno de ellos, titulado “Microscopia. La teoría y manejo del microscopio”, es una de sus obras cumbre. Publicada en el año 1923 consta de dos volúmenes y más de mil doscientas páginas. Fue prorrogada por Santiago Ramón y Cajal, gran amigo suyo.

Cuando Domingo se traslado a vivir a Madrid en 1915, dejó la fábrica en manos de su hijo Manuel, también ingeniero de minas. Manuel murio en 1926 en Villaviciosa, en un intento heroico de salvar la vida de dos empleados suyos, padre e hijo, en un accidente de pesca. La fábrica se vendió poco después.

En 1913 comienza una aventura sin igual en la investigación geológica en España: El estudio de la Serranía de Ronda. Su situación económica le hizo prosperar de tal forma, que le proporcionó la independencia económica necesaria para acometer todas aquellas investigaciones que tenía pendientes desde su juventud. Entre otras continuar con el estudio geológico de la Serranía de Ronda, comenzado por su padre y en el que participó desde muy joven. Domingo de Orueta pide una excedencia en la Escuela de Capataces de Mieres, paga un profesor suplente de su bolsillo y comienza a realizar nuevas prospecciones de campo que continua los dos años siguientes. Su experiencia en la microscopia proporciono al estudio de la Serranía de Ronda un enfoque muy distinto al de otros libros de geología, un análisis petrográfico para el que examina más de 500 láminas que se hace preparar en Alemania.

En el siglo XIX los geólogos eran casi todos autodidactas, buscadores de rocas y minerales interesantes, como mucho llegaban a plantear hipótesis sobre estructuras y formaciones rocosas. Con los estudios de Orueta y Duarte, se marca un hito fundamental en la geología española y precisamente se hizo con un libro sobre la Serranía de Ronda. Sus estudios sistemáticos ya no son de búsqueda al azar de minerales, sino que planifica el trabajo, maneja bibliografía adecuada, muestrea en el campo, lleva el material a analizar en el laboratorio y saca conclusiones. En definitiva, utiliza el método científico. Orueta y Duarte fué pionero también en el uso de la fotografía a color para ilustrar las publicaciones.

La investigación geológica sobre la Serranía de Ronda que ya había iniciado con su padre y MacPherson, le permiten identificar que la gran masa magmática presente en la Serranía es de rocas peridotitas y ya que en los Montes Urales existía platino asociados a ese tipo de rocas, Orueta está casi convencido que en la Serranía también debe haber platino. Encontró platino en el río Guadaiza y también cromo, niquel y otros minerales muy interesante. El 30 de octubre de 1915 presenta en el Instituto de Ingenieros Civiles, ante una selecta audiencia el gran descubrimiento del Platino en España. La noticia despertó el interés del rey Alfonso XIII que encargó un estudio detallado desde el punto de vista estratégico y económico. Para ello se incluyeron en los presupuestos del Ministerio de Fomento de los años 1916 y 1917, la cantidad extraordinaria de 150.000 pesetas para hacer frente a las investigaciones y, por ley de 8 de diciembre de 1916 y 16 de noviembre de 1917 el Estado se reservo el derecho de investigación y explotación del platino. Entre 1915 y 1918 Orueta llevo a cabo ese encargo, estimando la existencia de 246.531 kilos de platino en los ríos Guadaiza y Río Verde. Además las cantidades de niquel y cromo prospectadas cubrían con creces las necesidades armamentísticas españolas. La valoración económica realizada por Orueta concluía que los costes de extracción serian superiores al valor del mineral de Platino obtenido y aconsejó que el Estado se reservase los terrenos para cuando existiesen métodos de extracción más modernos, baratos y eficaces.

En el año 1917, con elaboración de más de 500 preparaciones microscópicas, un inmenso trabajo de campo a base sondeos de aluviones y recolección de arenas, recorrido de los terrenos estudiados, junto a un intenso y meticuloso trabajo de laboratorio dieron el libro “Estudio geológico y petrográfico de la Serranía de Ronda” en el que entre otras muchas cosas detalla el descubrimiento de platino en la sierra. Libro de 567 páginas, 4 mapas, 16 láminas a color y 51 microfotografías cuya publicación en 1.917 le aporta el reconocimiento nacional e internacional de su categoría científica con distinciones como doctorados honoris causa, académico de varias academias españolas, director del Instituto Geológico de España y muchas otras. De su categoría humana y generosidad da prueba la cesión que hizo al Estado de la posible explotación del platino en la Serranía de Ronda. Como reconocimiento a su investigación, el geólogo Santiago Piña de Rubíes dio el nombre de “Oruetita” a un mineral descubierto por nuestro personaje en su investigación sobre la Serranía.

Además de su capacidad de trabajo y sus dotes de observación, cosas absolutamente fundamentales para un científico, a Orueta le favorecían algunas circunstancias especiales como el ambiente relacionado con la Geología que se respiraba en su casa y el hecho de haber acompañado en multitud de ocasiones a su padre, Domingo de Orueta y Aguirre y a su amigo MacPherson en sus excursiones científicas por la Serranía; tenía pues a favor, el ambiente familiar, los conocimientos geológicos, paleontológicos y de microscopía paternos y un magnífico dominio de los caminos y escasas comunicaciones de la Serranía de Ronda, donde se le consideraba el mejor conocedor de la comarca.

Domingo de Orueta y Duarte fue profesor de la Institución Libre de Enseñanza; publicó gran cantidad de trabajos, sólo sobre microscopía escribío 26 trabajos científicos.

Además de sus conocimientos científicos poseía una enorme cultura humanista y artística, hablaba inglés, alemán, francés e italiano. Una de sus especialidades era el mundo egipcio, fruto de esa afición, en verano de 1.924, viajo a Egipto donde conoció a Howard Carter, el descubridor junto a Lord Carnavon de la tumba de Tutankamen. Domingo invitó a Carter a dar unas conferencias en España a lo cual accedió, la primera de las cuales fue en la Residencia de Estudiantes, a ella asistieron los reyes de España.

Murió en Madrid súbitamente en la madrugada del 15 de enero de 1926, cuando, como Director del Instituto Geológico y Minero de España, organizaba el XIV Congreso Geológico Internacional, que se celebraría en mayo de 1926. Preparaba, junto con su colaborador más estrecho, Enrique Rubio, un itinerario geológico por la Serranía de Ronda para el congreso, con el fin de enseñar a los congresistas también los yacimientos de platino de la Serranía.

 

Bibliografía

AZCARATE, Pablo de. Una excursión por la Serranía de Ronda en 1.917. Jábega, 34, Málaga, pags. 23-28. 

CARRILLO, Juan L. Domingo de Orueta y Duarte. Málaga. Personajes en su historia. Editorial Arguval, Málaga, 1,986.

DE ORUETA Y DUARTE, Domingo. Estudio Geológico y Petrográfico de la Serranía de Ronda. Imprenta de Julián Palacios, Madrid, 1.917.

DE ORUETA GONZÁLEZ, Manuel. De Aingerukua a Cortina del Muelle. Ediciones Moretón. Condado de Treviño. 1.998. 

GUTIERREZ, J.M.; MARTÍN, A.; DOMINGUEZ, S. y J. P.MORAL: Introducción a la Geología de la Provincía de Cádiz. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz. 1.991. 

MAC-PHERSON, José. Memoria sobre le estructura de la Serranía de Ronda. Imprenta de la Revista Médica, Cádiz, 1.874.

MORENO PERALTA, Salvador: La colonia de El Ángel. Cilniana, 8, Marbella. S. Pedro de Alcántara, 1.996, pags. 32-41. 

RÁBANO, Isabel. Domingo de Orueta y Duarte (1862-1926) y la investigación del platino en España. Boletín geológico y minero 119(4) 473-494. 2008

VARIOS AUTORES: “La Institución Libre de Enseñanza: Su influencia en la cultura española. Homenaje a Francisco Giner de los Ríos celebrado en Ronda en 1998