Archive for Abril, 2018

PAISAJES DE LA SERRANIA DE RONDA El Embalse de Montejaque o de Los Caballeros:

Andrés Rodríguez González Abril 17th, 2018

PAISAJES DE LA SERRANIA DE RONDA
El Embalse de Montejaque o de Los Caballeros

La idea de construir una presa en la zona de Hundidero surge en los primeros años del siglo XX. Unos geólogos, como Gavala, están a favor y otros como el portugués Fleury, en contra.
La empresa Sevillana de Electricidad decide emprender la dificultosa tarea, para ello contrata una empresa sueca, Sociedad Anónima Sueca de Sondeos en Diamante, con grandes dificultades comienzan los proyectos en 1922, se construyen carreteras, se preparan los terrenos, se contrata técnicos y obreros desde enero de 1.923, el día 12 de octubre de ese año comienza el levantamiento del muro de hormigón de la presa. Los trabajos se hacían durante 24 horas al día, 7 días a la semana en tres turnos de trabajo, de seis de la mañana a dos de la tarde, de 2 a 10 de la noche y de esa hora a seis de la mañana, las grandes dificultades del terreno y diferentes problemas laborales retrasan y encarecen la construcción. En el aspecto social y laboral fue verdaderamente revolucionario, todos los obreros trabajaban en turnos rigurosos de 8 horas, con contrato. El 26 de marzo de 1.924 se termina el muro de la presa.
El gran problema del embalse es que la roca caliza sobre la que está construido presenta gran cantidad de grietas que ocasionan la pérdida del agua almacenada, bien pronto se manifestó la inutilidad del embalse, se trató de tapar las fisuras con cemento y asfalto, hasta se intentó impermeabilizar el fondo del embalse con arcilla, nada se consiguió sino gastar más dinero en una obra que ya era faraónica en sus planteamientos. La solución de taponar las surgencias de agua en el interior de la Cueva de Hundidero Gato tan solo permitieron abrir una comunicación entre ambas bocas de la cueva que se completó en septiembre de 1.929. Los intentos de impermeabilización continúan de forma intermitente durante los años siguientes, la llegada de la Guerra Civil marca el fin de la ilusión de retener el agua en el Embalse.
A pesar de ello, los naturales de la zona aún dicen que la construcción del Embalse de Montejaque fue muy positiva “porque dio muchos jornales”. Muy propio del espíritu serrano.

Esta fotografía es de mi amigo y antiguo alumno Juan Cartlkos Guerrero a quien agradezco que me haya permitido usarla.

Naturalistas en la Serranía de Ronda: Simón de Rojas Clemente y Edmond Boissier

Andrés Rodríguez González Abril 8th, 2018

Capítulo 5.-

Edmond C. Boissier, el botánico y Simón de Rojas Clemente y Rubio, el agrónomo: Dos científicos unidos por los pinsapos.

La referencia bibliográfica de García Guardia (1) es un ejemplo más del convencimiento del mundo botánico hispano hasta bien entrado el siglo XXI, que Simón de Rojas Clemente y Rubio había perdido la herborización realizada en “su viaje por la Serranía de Ronda y de sus observaciones hechas en el reino de Sevilla en 1.807, 1.808 y 1.809…”; pero no sólo fue García Guardia, casi todos los autores que escribieron sobre flora andaluza y española recogen la frase anterior de  Mariano de Lagasca y Segura, el botánico más ilustre de comienzos del siglo XIX, que además aseguró haber sufrido la destrucción de “lo más selecto de mi herbario y biblioteca y lo que es más, todos mis manuscritos, fruto de treinta años de observaciones”(2).Pero la transcripción del material elaborado por Simón de Rojas en sus viajes a Andalucía entre 1.804 y 1.809 para escribir una Historia Natural del Reino de Granada por parte de A. Gil Albarracín en el año 2.002 (3), han permitido una visión diferente a la que todos los investigadores y aficionados teníamos del tema.

Bien es cierto que la brutal represión desencadenada por Fernando VII en Madrid, extendió por toda España el ambiente antiliberal y anticientífico. En Sevilla, el 13 de Junio de 1.810,las turbas arrojaron al río Guadalquivir gran parte del conocimiento botánico de la época en forma de herborizaciones y de notas científicas del gran Lagasca.  Pero, contrariamente a lo que se ha pensado durante doscientos años, el material de Simón de Rojas no desapareció en el Guadalquivir, al menos la mayoría se salvó para  permanecer, olvidado y cubierto de polvo en los sótanos del Real Jardín Botánico de Madrid. El error parte de las palabras de Lagasca que escribió “…Sevilla es el sepulcro de varias producciones útiles de ciencias naturales. Allí perdió Clemente el resultado de su viaje por la Serranía de Ronda…”.

Clemente en sus viajes por Andalucía  para escribir la Historia Natural del Reino de Granada, había visto y nombrado el “pinsapo”. Concretamente, el 28 de agosto de 1.809 en la subida desde Grazalema al Pico de S. Cristobal, cita al Abeto como el árbol más común que todos juntos, llega hasta muy cerca de la cumbre.” .“El pinsapo sólo sirve  para tablas y vigas de casa y para leña”. “El guarda sólo custodia el quejigo, el alcornoque y la encina”. Más explícito es en sus manuscritos del 5 de septiembre de ese mismo año, al relatar en el tramo del camino entre Ronda y Tolox: “Entramos luego en el pinar en que hay algunos quejigos y todo lo demás pinsapos. Se parecen algo estos vistos a cierta distancia al ciprés por lo oscuro de su color y por su forma cónica, bien que el cono es de base más ancha y muy poco prolongado. Sus ramas salen casi horizontales y cuelgan por la punta arqueándose algo. Aquí se crían más altos (hasta más de 40 varas) que en el Pinar, al parecer por que a éstos del Pinar les cortan la guía de jóvenes para palas de hornos y otros usos, y los hay bastante gruesos. Uno de ellos, que llaman de las siete vigas, tiene en efecto siete ramas que suben muy altas y casi iguales muy perpendiculares, partiendo en cerco y con simetría alrededor del centro del tronco, que esta ileso; fenómeno hermoso que no deja de ser notable y que llama la atención cuantos pasan por este camino, hallándose por fortuna junto a él, a la izquierda, poco antes de llegar al Puertecillo de las Ánimas”. (3)

Así pues, Clemente, conoce y nombra el Pinsapo en 1.809, 28 años antes de la llegada de Boissier a Andalucía. Ya Calera y Montilla (4), en su estudio sobre el Pinsapar de Grazalema,  hablaron de esta posibilidad antes de la transcripción de Gil Albarracín, para ellos y cualquier conocedor de la personalidad de Simón de Rojas es imposible pensar que a una persona tan meticulosa, trabajadora y concienzuda como él se le escapara la presencia de un árbol tan llamativo como el pinsapo.

Una parte del material recopilado por Simón de Rojas Clemente si desapareció víctima de las revueltas populares, pero no el grueso del trabajo que Clemente guardaba celosamente, junto a otras cosas en su casa, Es el mismo Clemente quien escribe las siguientes palabras: “…los disturbios públicos me hicieron perder riquísimas colecciones fruto de una expedición hecha a tanta costa, así en Sevilla, como en toda la Andalucía Baja, y muchísimos apuntes importantes. (3).

Cuando muere Clemente, en 1827, diez años antes de que Boissier llegue a España, se ordena por medio de una real orden a la Directiva del Real Jardín Botánico (Institución de la que Clemente fue Bibliotecario y Presidente de la Junta Directiva entre otros cargos),“…se trasladen, sin pérdida de tiempo, de la casa mortuoria de Don Simón de Rojas Clemente los manuscritos, minerales y demás efectos pertenecientes a la Historia del Reino de Granada…“ . Sin embargo en el recibo no aparece referencia a los manuscritos que, doscientos años después fueron encontrados en los sótanos del Jardín Botánico apilado en ocho gruesos tomos encuadernados en pergamino.

 

 

Boissier, camino de regreso  a su tierra suiza después de su viaje por Andalucía, en octubre de 1837, descansa brevemente en Madrid, aprovecha para ver el Real Jardín Botánico y complementar algunas de sus observaciones botánicas, pero sobre todo, es la ocasión de visitar al venerable Lagasca, algo que le había encargado especialmente su maestro, Agustin-Pyrame de Candolle, profesor de la academia de Ginebra donde Boissier había realizado estudios. Encuentra Lagasca muy mayor y deteriorado; era un anciano que había vuelto de su exilio en Londres donde había partido con el regreso absolutista provocado por los Cien Mil Hijos de S. Luis, exilio desde 1823 hasta 1834. Tan sólo tres años antes de la llegada de Boissier, el venerable Lagasca había sido restituido a su puesto en el Jardín Botánico, y aún lamentaba la pérdida de su magnífico herbario y sus notas arrojados al río Guadalquivir, cosa de la que no se recuperó nunca. Boissier, no vio en Madrid el material del viaje de Clemente al que se la había perdido la pista al morir éste (3), tan sólo algunos pliegos con material botánico estaban en un armario del Jardín Botánico que estaban guardados bajo una llave que, los conserjes, según dijeron, no consiguieron encontrar. Al parecer, el “extravio” de notas, herbarios e investigaciones era frecuente y muchos de ellos acababan siendo presa de traficantes que los vendían a museos extranjeros. Escribe Boissier sobre Simón de Rojas: “…sus herbarios y sus manuscritos existen en parte en el Jardín Botánico de Madrid donde nadie ha pensado aún en desenterrarlos del polvo que los cubre. Nada se conoce de su viaje a excepción de algunas plantas descritas en el folleto de Lagasca…”. Boissier reconoció los méritos de Clemente al dedicarle una planta singularmente bella, la Linaria clementei.

Se ha especulado bastante, y yo mismo lo he llegado a creer en alguna ocasión, que Boissier se basó para su gran descubrimiento, la descripción científica del “Abeto del Sur”, el Pinsapo, en el material de Clemente que, evidentemente, conoció antes que Boissier, pero ahora estoy en condiciones de afirmar que el único conocimiento previo que Boissier pudo tener del Pinsapo fue alguna pequeña rama seca en el herbario de Haenseler. Y he aquí que la vida de Boissier, el gran botánico europeo, se vuelve a cruzar con  Clemente, el gran agrónomo español. Vidas que se cruzan en dos personajes con muchas cosas en común pero que no se conocieron nunca. En común tuvieron su pasión por las plantas, poseían gran capacidad de trabajo, el uso de metodología científica en sus investigaciones con la consulta de toda la bibliografía existente y de los eruditos locales, ambos eran de naturaleza bondadosa, personas humildes que conectaban perfectamente con las gentes del campo, ambos fueron viajeros incansables, científicos emprendedores,eran incansables si se trataba de buscar plantas hasta en las cumbres más inaccesibles o los abismos más peligrosos, apasionados del mundo musulmán (Boissier visitó Turquía y el norte de África varias veces, Clemente hablaba árabe y gustaba de usar atuendos árabes, por lo que popularmente se le conocía como “el sabio moro”), y sobre todo son dos científicos a los que unirá siempre el Abeto del Sur, el Pinsapo.

La ocupación francesa de Andalucía sorprendio a Clemente en su trabajo de profesor de Agricultura en el “Jardín Experimental y de Aclimatación de La Paz”, creado en Sanlucar de Barrameda por Godoy, viajo a Madrid y desde allí regresó a Andalucía para trabajar como secretario de Antonio de Zea, nombrado Prefecto de Málaga por las tropas francesas. Después de la recuperación del trono por parte de Fernando VII, sufre una depuración que le aparta de sus funciones en el Jardín Botánico de Madrid y le lleva, exiliado, pobre y desposeido de su sueldo, a su pueblo, Titaguas, en Valencía. En Málaga entabla amistad con el boticario Haenseler. Entre 1.812 y 1.815 busca desesperadamente que le rehabiliten en su puesto de trabajo y tiene que conseguir informes favorables con ese fin. Dice así una carta remitida por Antonio Cabrera (amigo de Clemente) a Lagasca: “…en Málaga, en la botica que llaman de la Espartería, cuyo dueño es un tal Santaella, se halla de oficial un suizo, que habiendo venido a servir al ejército, le dejo al principio de esta rebuxina y se puso a boticario, porque en su país había tenido algunos principios de eso. Se llama D. FelixHaenzeler. Cuando estuvieron en esa ciudad, Zea de Precefto y Clemente de Socio o Secretariosuyo, trabaron amistad. No hay duda que es aficionadísimo a la botánica, ellos me le hicieron conocer, o por decir mejor, fueron ocasión de que le conociese”. (5). La afición de Haenseler por la botánica se debe en gran parte a su amistad con Clemente, es muy probable que Clemente informará a Haenseler de la presencia del extraordinario abeto de la Serranía de Ronda. La explicación de como se hizo el boticario malagueño de una rama de pinsapo para su herbario, rama que posteriormente mostró a Boissier, es desconocida. En los intentos de Clemente de ser rehabilitado se conoce una carta que en 1.814 escribió a su amigo y colega Lagasca en la que le dice “…según me avisa el buen Haenseler mi justificación se hará en Málaga perfectamente, pero se necesita para ella algo de tiempo. No se ha pedido allí ningún informe para mí.Mívida allí fue tan retirada que, según dice Haenseler y yo me lo sabía ya, nadie me conoce allí ni mi nombre por mal y pocos me conocen por bien”. (5).

Podemos preguntarnos la razón por la cual Clemente nunca publicó sus manuscritos y actualmente, sería mucho más conocido de lo que es. Y otra pregunta que surge de inmediato es la razón de que no hubiera publicado la descripción del Pinsapo como nueva especie y los honores de tal hecho hubieran recaido en él y no en Boissier. Las razones pueden ser varias, Clemente era agrónomo y no botánico. Su obra cumbre es un fabuloso“Ensayo sobre las variedades de la vid común que vegetan en Andalucía” de 1.807 y magníficamente ilustrado; también es muy conocido por un inacabado amplísimo estudio sobre los cereales españoles “CeresHispanica”. Es decir, fue bastante más agrónomo que botánico. Por eso sin duda, confundió el abeto Pinsapo con el abeto de los Pirineos, Abies alba, que al ser el mismo que el europeo ya estaba descrito. Clemente sufrió la incomprensión, la brutalidad y la incultura de una época triste de la Historia de España, los últimos años de su vida intentó publicar su Historia Natural del Reino de Granada pero no obtuvo financiación para ello y, es una hipótesis muy personal mía, tampoco tuvo mucho interés por hacerlo. Fue rehabilitado en 1815 a su puesto en el Real Jardín Botánico de Madrid, pero en 1818 sufre su segundo proceso inquisitorial, tanto de este como del sufrido en 1805 salió absuelto pero, sin duda, con mucho miedo acumulado. La dureza de la vida de exiliado en su pueblo  y el proceso inquisitorial debieron pesar lo suyo para no querer meterse en más lios, además en esas fechas estuvo gravemente enfermo de Vomito Negro. Pero sobre todo ellos debio primar que en sus manuscritos para la “Historia Natural del Reino de Granada” muestra gran preocupación por las cuestiones sociales como el origen de la miseria de los pueblos que atraviesa y la pobreza e incultura de las gentes humildes de Andalucía. Frases como “ lo mal puestas que están las haciendas en manos muertas”, “la sobra de frailes y canónigos”, “los mayorazgos son la ruina de la felicidad pública”,  “la yegua es más protegida de la ley que la mujer misma” ,  “En Motril, a pesar de contar con unos 10.000 habitantes no hay escuela gratuita de leer y escribir, los muchachos van por las calles desnudos y andrajosos, no hay casa de expósitos, no hay hospital”,  “que dureza, que inhumanidad, que trastornos de ideas en los amos”, incluso llega justificar la violencia por razones de necesidad “¿de otro modo que habría de hacer esta infeliz gente sino tirarse sobre los que podían suministrarles el pan necesario de grado o por fuerza”. Con semejante manera de pensar no es de extrañar que Simón de Rojas tuviera cierto miedo a publicar su magnífico trabajo y que éste quedara oculto en el Jardín Botánico de Madrid tantos años.

El personaje central en el descubrimiento para la ciencia del pinsapo es Charles Edmond Boissier. En la época en la que llega a España, el conocimiento botánico de la nación es bastante escaso; y los pocos estudios que se tenían había sido destruido como con el caso Lagasca o almacenado sin más como el material de Simón de Rojas, dos ejemplos de la torpeza y miopía política de la que se ha hecho gala en este país respecto al conocimiento científico. Con esta situación y la importancia de sus descubrimientos, no es de extrañar  que a Boissier, se le considere como el padre de la botánica andaluza.

Uno de los motivos por los que Boissier vino a Andalucía era la investigación ya que las posibilidades de descubrir nuevas especies en Europa estaban muy agotadas, pero también la visión romántica que otros viajeros habían trasmitido en Europa (6); efectivamente, el ginebrelino Boissier, forma parte de un grupo de científicos y viajeros que atraídos por la Andalucía y las posibilidades de nuevas descripciones de especies, viajan a nuestra región (7). Por fortuna, actualmente se sabe mucho más de este personaje que hace unos años cuando, sólo unos pocos afortunados relacionados con el mundo de la botánica conocían su extraordinario trabajo (8).

Por su nieto Auguste Barbey (9) conocemos la excepcional personalidad de Boissier; en su libro, “A travers les forêts de pinsapo d´Anadalusie”, traducido en el año 1.996, nos muestra a un científico cariñoso y entrañable que poseía una extraordinaria capacidad de observación y sólidos conocimientos botánicos, un sabio alegre, sociable, que reía casi siempre, animoso, trabajador incansable, abierto a todo el mundo, en sus viajes infundía fuerza física y moral a sus acompañantes, pero a la vez, era persona de extraordinaria modestia e indulgencia. Todo ello retratado por Barbey con extraordinario cariño y devoción.

Boissier fue un incansable viajero que recorrió España, Argelia, Grecia, Egipto, Siria y Australia. Había sido discípulo de botánicos insignes como Agustin-PyrameDe Candolle en Ginebra y de Philip BarkerWebb en París, este último había recorrido Andalucía en 1.827, año de la muerte de Clemente. Entre 1831 y 1833 Boissierpermanece en París con su familia, conoce a personajes importantes como el general San Martín o el gran compositor F. Liszt, también a exiliados españoles (afrancesados, o colaboracionistas con las tropas invasoras) y suramericanos con los que aprende el idioma; sin duda animado por su maestros De Candolle (que estaba en contacto con Lagasca) y Webb, preparó metódicamente su viaje, estudiando todos los detalles y aprendiendo español.  Un primo de su madre había estado con las tropas francesas en la Península, en la Serranía de Ronda concretamente y también le anima en su idea de visitar España. El Duque de Feria en 1836, a quien había conocido en París unos años antes, le anima a emprender el viaje informándole que había escrito a los encargados de los cinco grandes puertos del sur de España para que no pongan obstáculos a su viaje. 

En 1.837, con 31 años de edad llega a Motril y por caminos costeros continua hasta Málaga, donde contacta con el boticario Félix Haenseler y su discípulo Pablo Prolongo.También conoce en Málaga a Rambur, entomólogo francés que residió en esa ciudad. Haenseler era de origen bávaro y tenía contacto con los botánicos europeos, a él venía recomendado por De Candolle. Los farmacéuticos malagueños colaboraron entusiástica y desinteresadamente con Boissier. En el herbario de Haenseler vio por primera vez ramas y acículas de pinsapo. La atención y ayuda que Boissier encontró debió ser importante puesto que le dedicó algunas especies nuevas de plantas que descubrió.

El día 11 de mayo sube a la sierra de Mijas y continua hasta Estepona para buscar, el pino, picea o abeto cuyas ramitas le habían enseñado los farmacéuticos malagueños. En Sierra Bermeja pudo ver los pinsapos pero no vio ninguna piña, por lo tanto no podía describir la especie ni tan siquiera el género de aquel curioso árbol al que los lugareños llamaban “Pinsapo” o “Pinzapo”. Desde Estepona se dirige a Ronda con la idea fundamental de conocer la belleza de la ciudad de la que le habían hablado y su famosa Feria de Mayo. De Ronda marcha a Gibraltar y  regresa a Málaga donde descansa y ordena su material, de nuevo se pone en marcha herboriza en Sierra Tejeda antes de llegar a Granada. A lo largo de 16 días realiza su esforzado trabajo en Sierra Nevada, tan sólo al alcance de montañeros con experiencia y con gran fortaleza y absolutamente entusiasta en su misión botánica. Desde Granada, ya a finales de septiembre, se encaminó de nuevo a Málaga y sube ahora a la Sierra de Las Nieves acompañado de Haenseler y Prolongo para tratar de identificar científicamente el pinsapo, tiene la suerte de hallar árboles con piñas con lo que ya puede definir el género y la especie como “Abies pinsapo”, tiene el detalle de mantener el nombre popular, cualquier científico engreído le hubiera puesto su nombre propio.  La colaboración con los boticarios malagueños no quedo tan solo ahí, fue necesario que le enviarán piñas masculinas y femeninas obtenidas en la Sierra de las Nieves en la época de crecimiento y que de no ser por ellos, hubiera sido imposible obtenernas por parte del autor de la descripción de la nueva especie. A principios de octubre parte a Cádiz  desde donde marcha a Sevilla, viaja a Madrid donde conoce a Lagasca para después dirigirse a su país.

Sus descripciones son un modelo de rigor científico, un ejemplo de literatura histórica y de calidad literaria. Recoge gran cantidad de anécdotas ligadas a lo extraño que resultaba en los pueblos andaluces la presencia de un extranjero que se pudiera dedicar sólo a estudiar y recolectar plantas. A veces le confundieron con espía, otras por buscador de oro, hasta una familia de Trevelez le confundió con un pariente que, quince años antes, había emigrado a América. Pocos autores extranjeros han descrito una corrida de toros en la plaza de Ronda tan bien documentada, la vida de la ciudad en fiestas, el folklore popular, la vida en las posadas, su relación con los lugareños con tanta perfección, detalles y cariño como Boissier.

La descripción de la corrida de toros a la que asistió en Ronda es fiel reflejo de su caracter. Después de analizar con detenimiento la plaza y el público asistente se centra en el propio espectáculo, los atuendos y la lidia, utiliza expresiones en castellano cuando son necesarias y termina, como buen extranjero, con las siguientes palabras: “En Ronda teníamos como matador de toros al célebre Montes, la primera espada de España y la gloria de la tauromaquia; su fama había contribuido poderosamente a atraer a la corrida una afluencia considerable de gente y aquella tarde acabó con todos los toros que tenía que lidiar con una rara destreza y con el fragor de unos aplausos frenéticos. Seis toros y una docena de caballos perecieron en esta función que duró más de tres horas, el público se retiró, cada uno discutiendo, tomando partido por el mérito de uno u otro combatiente. Ni un solo torero fue herido, casi podría decir que lo sentí por lo odioso y cobarde que encontraba este combate tan desigual entre un grupo de hombres aguerridos y avezados que apenas se exponen, y un desgraciado animal irresistiblemente condenado a muerte y torturado a fuego lento.”

La descripción del descubrimiento del pinsapo es el punto central de toda la obra de Boissier. Acompañado por Prolongo y Haenseler en septiembre  sube a la Sierra de La Nieve pasando por Cartama, Casarabonela, Alozaina y Yunquera, desde allí se encaminan al Convento de Nuestra Señora de Las Nieves. Por las descripciones que hace se puede deducir que la vegetación arbórea estaba bastante esquilmada por el pastoreo y, tal vez, por las talas realizadas, años atrás, para alimentar los altos hornos de galena antimonial de las minas de S. Eulogio, muy próximas al convento.

Sin duda es mejor utilizar sus propias palabras para describir el momento en que localiza su objetivo: “El guía nos mostró desde lejos el primer pinsapo. Dando gritos de alegría corrimos llenos de emoción, pero, desgraciadamente, el árbol no tenía fruto. Un segundo, un tercer, me dan falsas esperanzas sucesivamente. Al fin, soy lo bastante afortunado como para encontrar uno, cuyas ramas superiores están cargadas de piñas tiesas. Nos apresuramos a trepar para cogerlas, y ya no nos queda duda sobre el género de este árbol singular. Era, ciertamente, un Abies, vecino de nuestro abeto blanco. El principal objetivo de mi excursión estaba logrado…”.

Su experiencia botánica en Andalucía se tradujo en la publicación de cinco obras

-          Elenchus plantarum novarum minus que cognjitarum, guas in itinerare Hispanicolegit (Ginebra, 1838)

-          Voyage  botanique dans la midi d’ Espagne pendant l’ annnèe 1837 (París, 1839-1845).

-          Diagnoses plantarum orientalium novarum (Ginebra, Leipzig, Paris, Como, 1842-1859).

En colaboración con Reuter

-          Diagnoses plantarum Hispanicum, praesertim in Castella Nova lectarum (Ginebra, 842) y Pugillus plantarum novarum Africae Borealis  Hispaniae que Australis (Ginebra 1852). Donde se relaciona la flora andaluza y la norteafricana.

Algunas especies andaluzas descritas por Boissier, aparecen  por primera vez en

-          Podromus systematis naturalis regni vegetavilis (Paris, 1824-1874) de A. P. de Candolle

Sin duda, la aportación más importante de Boissier al conocimiento botánico fue “Voyage botanique dans la midi de l´Espagne pendans l´ annne 1.837” publicado en París en un formato de dos volúmenes, espléndida obra de gran belleza, acompañada de geniales láminas dibujadas por M. Heyland, donde se la que muestra con rigor y detalle los acontecimientos de su viaje. El primer libro es un catálogo con 1.900 plantas de las cuales 236 especies y variedades se dieron a conocer por primera vez para la ciencia. (10)

 

Bibliografía:

(1) García Guardia, G . “Flores Silvestres de Andalucía”. Editorial Rueda 1.988.

(2) Pezzi Ceretto, M. Estudio preliminar del “Viaje Botánico al sur de España durante el año 1.937, de Charles EdmondBoissier. Edita Fundación Caja de Granada y Universidad de Málaga. 1.995.

(3) Clemente  Rubio, Simón de Rojas. “Viaje a Andalucía. Historia Natural del Reino de Granada. 1.801-1.809”. Editado por Antonio Gil Albarracin en el año 2.002. GBG Editora. Almería.

(4) Calera González, A. y D. Montilla Castillo. “El Pinsapar”. Educa nº 27 pag. 27-32. 1991.

(5) El Naturalista y Farmaceútico germano-español Feliz HaenselerJeger (1.780-1.841) en la Málaga de su época. Juan Pérez-Rubin. Acta Botánica Malacitana 37. 141-162

(6)  Garrido Domínguez, A. “Rondando Ronda y sus viajeros”. Edita Colectivo Cultural Giner de los Ríos”. Ronda 2.004.

(7) Jiménez, F. “El viaje botánico a Andalucía de Edmond Boissier”. Jábega nº 41 pág. 65-75. 1.983.

(8) Equipo Arrayán. Artículos publicados en la revista “Ronda y La Serranía” nº 15, 21 y 22.

(9) Barbey, A. “A través de los bosques de Pinsapos de Andalucía”. Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. Sevilla 1.996. Traducido del original  editado en París en 1.931.

(10) Viaje Botánico al sur de España durante el año 1837. Charles Edmond Boissier. Edita Fundación Caja de Granada Universidad de Málaga. Colección Sierra Nevada y la Alpujarra Nº 13. 1.995

Naturalistas en la Serranía de Ronda: Domingo de Orueta y Duarte

Andrés Rodríguez González Abril 4th, 2018


CAPÍTULO 4.- Domingo de Orueta y Duarte

Hijo de Domingo de Orueta y Aguirre, consideró siempre como sus “maestros” a su padre, a José MacPherson y a su profesor de la escuela de minas Lucas Mallada y Pueyo.

Había nacido Domingo de Orueta y Duarte en Málaga, el 24 de enero de 1862. En esa ciudad realizó sus estudios primarios y los de Perito Químico, ampliando conocimientos en Inglaterra, verdadero origen de su formación científica. En 1880 ingresa en la Escuela de Ingenieros de Minas de Madrid, realizando una brillante carrera que finaliza en 1885 con el número uno de su promoción y calificación de sobresaliente.

A las frecuentes excursiones geológicas que realizaban los dos grandes amigos, Orueta y Aguirre y MacPherson, se sumaba cada vez que sus estudios se lo permitían, Domingo de Orueta y Duarte, que bien pronto se aficionó a la geología y la microscopia. Muchas de esas excursiones geológicas se realizaban en la Serranía de Ronda, por lo que alcanzó un completo conocimiento de la comarca

En diciembre de 1884 y enero de 1885, tuvieron lugar una serie de terremotos en Andalucía, que afectaron especialmente a Granada y Málaga. Orueta, aún estudiante, se encontraba pasando sus vacaciones invernales en la casa familiar malagueña y tuvo oportunidad de conocer directamente sobre el terreno los daños producidos por los seísmos. Con un permiso especial del Director de la Escuela de Minas, Orueta realizó un informe en el que destaca ya la relación de lo ocurrido con las características geológicas de la zona, muy poco conocidas en esos momentos. La Sociedad Malagueña de Ciencias en su sesión del 5 de febrero de 1885 acordó publicar los resultados, cosa que se hizo con el título “Informe sobre los terremotos ocurridos en el Sud de España en diciembre de 1884 y enero de 1885”. En dicho informe y en contra de la teoría vigente en aquellos años (la llamada Teoría Focal que establece la disminución de la intensidad del terremoto a medida que se aleja del foco), Orueta  interpreta este terremoto aplicando otra teoría que anunciaba que las fallas perpendiculares a la dirección del movimiento sísmico producen una disminución de la intensidad, mientras que las fallas paralelas a la dirección del movimiento sísmico producen un aumento de la intensidad del mismo. Esta ley, anunciada por Orueta y Duarte, explicaba las razones por las que al lado de pueblos totalmente destruidos existían otros que apenas habían sufrido daños.  Esta teoría fue presentada en la Sociedad Malagueña de Ciencias y en la Sociedad Española de Historia Natural por medio de conferencias pronunciadas por el joven ingeniero Orueta y Duarte.

Meses después José MacPherson defendió esta nueva interpretación por medio de otra conferencia completando la teoría que relacionaba los daños en los terremotos con las fallas tectónicas. Dos geólogos españoles, andaluces se adelantaron veinte años al enunciado de la “Teoría las Líneas Nomotectónicas” desarrollada por el geólogo norteamericano Willians H. Hobss.

También durante el curso 1884-1885, y fruto de su amistad con Macpherson, imparte clases de Geología y Minas en la Institución Libre de Enseñanza en Madrid. En su Boletín publica Orueta sus primeros trabajos científicos en los que ya ofrece resultados y preparaciones microscópicas, una práctica que lo convierte en la autoridad española en esa materia, hasta tal punto que montó en su propia casa un laboratorio perfectamente equipado.

Inicia su actividad profesional en la ferrería Heredia de Málaga en 1886. La siderurgia malagueña ya estaba en declive. En 1884 había cerrado la Concepción de Málaga, los Altos Hornos de La Constancia se cerraron en1885. A finales de 1886, viendo el pobre futuro de la industria Heredia –que se cerró en 1891- comienza a trabajar en las minas de carbón de Orbó (Palencia) y Matallana (León), durante esos años también fue profesor de la ILE. En 1887 ingresa en el cuerpo de Ingenieros de Minas. Al año siguiente es profesor de la Escuela deCapataces de Mieres, en Asturias donde dio clases hasta 1913 en que se traslado a vivir a Madrid. En 1889 es nombrado Ingeniero-Director de la fábrica de Mieres.

En 1892 crea su propia fábrica en Gijón. Además de la fabricación de materiales de metal, desarrolla una patente y construye un contenedor metálico para envasado y transporte  de mercurio que le reportan grandes beneficios económicos. Los frascos de envasado de azogue en aquella época eran un gran problema, su rotura en el transporte, y la imposibilidad de recuperar el material una vez derramado, desde las minas de Almadén ocasionaba grandes pérdidas económicas e incluso afectaba a la salud de los transportistas, por ello el desarrollo de un frasco que permitía transportar el mercurio con seguridad hizo que la fábrica Orueta contratara en exclusiva con las minas de Almadén la producción de esos frascos.

Domingo de Orueta y Duarte desarrollo una amplia actividad social en Gijón, hombre de profundas convicciones, a raíz de un conflicto laboral en la siderurgia de la ciudad, sufrió un atentado en plena calle y fue tiroteado por un obrero anarquista en día 24 de junio de 1910 en el que recibió un impacto de bala en el glúteo, el autor fue arrestado inmediatamente. Domingo de Orueta se recuperó sin mayores consecuencias.

Su independencia económica le permitío dedicarse a las labores que realmente amaba: La microscopía y la investigación geológica. Para ambas se necesitan grandes conocimientos geológicos y, en gran parte, los había adquirido directamente en el campo, en sus excursiones con su padre y MacPherson. Sus desplazamientos al extranjero por motivos profesionales, le  permitieron contactar con expertos europeos en microscopia y con las grandes casas comerciales como Zeiss de la que fue nombrado “Colaborador en España”. En su casa consiguió crear un laboratorio de Microscopía y Ciencias Naturales y publicar más de veinticinco trabajos de investigación y libros sobre estos temas. Uno de ellos, titulado “Microscopia. La teoría y manejo del microscopio”, es una de sus obras cumbre. Publicada en el año 1923 consta de dos volúmenes y más de mil doscientas páginas. Fue prorrogada por Santiago Ramón y Cajal, gran amigo suyo.

Cuando Domingo se traslado a vivir a Madrid en 1915, dejó la fábrica en manos de su hijo Manuel, también ingeniero de minas. Manuel murio en 1926 en Villaviciosa, en un intento heroico de salvar la vida de dos empleados suyos, padre e hijo, en un accidente de pesca. La fábrica se vendió poco después.

En 1913 comienza una aventura sin igual en la investigación geológica en España: El estudio de la Serranía de Ronda. Su situación económica le hizo prosperar de tal forma, que le proporcionó la independencia económica necesaria para acometer todas aquellas investigaciones que tenía pendientes desde su juventud. Entre otras continuar con el estudio geológico de la Serranía de Ronda, comenzado por su padre y en el que participó desde muy joven. Domingo de Orueta pide una excedencia en la Escuela de Capataces de Mieres, paga un profesor suplente de su bolsillo y comienza a realizar nuevas prospecciones de campo que continua los dos años siguientes. Su experiencia en la microscopia proporciono al estudio de la Serranía de Ronda un enfoque muy distinto al de otros libros de geología, un análisis petrográfico para el que examina más de 500 láminas que se hace preparar en Alemania.

En el siglo XIX los geólogos eran casi todos autodidactas, buscadores de rocas y minerales interesantes, como mucho llegaban a plantear hipótesis sobre estructuras y formaciones rocosas. Con los estudios de Orueta y Duarte, se marca un hito fundamental en la geología española y precisamente se hizo con un libro sobre la Serranía de Ronda. Sus estudios sistemáticos ya no son de búsqueda al azar de minerales, sino que planifica el trabajo, maneja bibliografía adecuada, muestrea en el campo, lleva el material a analizar en el laboratorio y saca conclusiones. En definitiva, utiliza el método científico. Orueta y Duarte fué pionero también en el uso de la fotografía a color para ilustrar las publicaciones.

La investigación geológica sobre la Serranía de Ronda que ya había iniciado con su padre y MacPherson, le permiten identificar que la gran masa magmática presente en la Serranía es de rocas peridotitas y ya que en los Montes Urales existía platino asociados a ese tipo de rocas, Orueta está casi convencido que en la Serranía también debe haber platino. Encontró platino en el río Guadaiza y también cromo, niquel y otros minerales muy interesante. El 30 de octubre de 1915 presenta en el Instituto de Ingenieros Civiles, ante una selecta audiencia el gran descubrimiento del Platino en España. La noticia despertó el interés del rey Alfonso XIII que encargó un estudio detallado desde el punto de vista estratégico y económico. Para ello se incluyeron en los presupuestos del Ministerio de Fomento de los años 1916 y 1917, la cantidad extraordinaria de 150.000 pesetas para hacer frente a las investigaciones y, por ley de 8 de diciembre de 1916 y 16 de noviembre de 1917 el Estado se reservo el derecho de investigación y explotación del platino. Entre 1915 y 1918 Orueta llevo a cabo ese encargo, estimando la existencia de 246.531 kilos de platino en los ríos Guadaiza y Río Verde. Además las cantidades de niquel y cromo prospectadas cubrían con creces las necesidades armamentísticas españolas. La valoración económica realizada por Orueta concluía que los costes de extracción serian superiores al valor del mineral de Platino obtenido y aconsejó que el Estado se reservase los terrenos para cuando existiesen métodos de extracción más modernos, baratos y eficaces.

En el año 1917, con elaboración de más de 500 preparaciones microscópicas, un inmenso trabajo de campo a base sondeos de aluviones y recolección de arenas, recorrido de los terrenos estudiados, junto a un intenso y meticuloso trabajo de laboratorio dieron el libro “Estudio geológico y petrográfico de la Serranía de Ronda” en el que entre otras muchas cosas detalla el descubrimiento de platino en la sierra. Libro de 567 páginas, 4 mapas, 16 láminas a color y 51 microfotografías cuya publicación en 1.917 le aporta el reconocimiento nacional e internacional de su categoría científica con distinciones como doctorados honoris causa, académico de varias academias españolas, director del Instituto Geológico de España y muchas otras. De su categoría humana y generosidad da prueba la cesión que hizo al Estado de la posible explotación del platino en la Serranía de Ronda. Como reconocimiento a su investigación, el geólogo Santiago Piña de Rubíes dio el nombre de “Oruetita” a un mineral descubierto por nuestro personaje en su investigación sobre la Serranía.

Además de su capacidad de trabajo y sus dotes de observación, cosas absolutamente fundamentales para un científico, a Orueta le favorecían algunas circunstancias especiales como el ambiente relacionado con la Geología que se respiraba en su casa y el hecho de haber acompañado en multitud de ocasiones a su padre, Domingo de Orueta y Aguirre y a su amigo MacPherson en sus excursiones científicas por la Serranía; tenía pues a favor, el ambiente familiar, los conocimientos geológicos, paleontológicos y de microscopía paternos y un magnífico dominio de los caminos y escasas comunicaciones de la Serranía de Ronda, donde se le consideraba el mejor conocedor de la comarca.

Domingo de Orueta y Duarte fue profesor de la Institución Libre de Enseñanza; publicó gran cantidad de trabajos, sólo sobre microscopía escribío 26 trabajos científicos.

Además de sus conocimientos científicos poseía una enorme cultura humanista y artística, hablaba inglés, alemán, francés e italiano. Una de sus especialidades era el mundo egipcio, fruto de esa afición, en verano de 1.924, viajo a Egipto donde conoció a Howard Carter, el descubridor junto a Lord Carnavon de la tumba de Tutankamen. Domingo invitó a Carter a dar unas conferencias en España a lo cual accedió, la primera de las cuales fue en la Residencia de Estudiantes, a ella asistieron los reyes de España.

Murió en Madrid súbitamente en la madrugada del 15 de enero de 1926, cuando, como Director del Instituto Geológico y Minero de España, organizaba el XIV Congreso Geológico Internacional, que se celebraría en mayo de 1926. Preparaba, junto con su colaborador más estrecho, Enrique Rubio, un itinerario geológico por la Serranía de Ronda para el congreso, con el fin de enseñar a los congresistas también los yacimientos de platino de la Serranía.

 

Bibliografía

AZCARATE, Pablo de. Una excursión por la Serranía de Ronda en 1.917. Jábega, 34, Málaga, pags. 23-28. 

CARRILLO, Juan L. Domingo de Orueta y Duarte. Málaga. Personajes en su historia. Editorial Arguval, Málaga, 1,986.

DE ORUETA Y DUARTE, Domingo. Estudio Geológico y Petrográfico de la Serranía de Ronda. Imprenta de Julián Palacios, Madrid, 1.917.

DE ORUETA GONZÁLEZ, Manuel. De Aingerukua a Cortina del Muelle. Ediciones Moretón. Condado de Treviño. 1.998. 

GUTIERREZ, J.M.; MARTÍN, A.; DOMINGUEZ, S. y J. P.MORAL: Introducción a la Geología de la Provincía de Cádiz. Servicio de Publicaciones de la Universidad de Cádiz. 1.991. 

MAC-PHERSON, José. Memoria sobre le estructura de la Serranía de Ronda. Imprenta de la Revista Médica, Cádiz, 1.874.

MORENO PERALTA, Salvador: La colonia de El Ángel. Cilniana, 8, Marbella. S. Pedro de Alcántara, 1.996, pags. 32-41. 

RÁBANO, Isabel. Domingo de Orueta y Duarte (1862-1926) y la investigación del platino en España. Boletín geológico y minero 119(4) 473-494. 2008

VARIOS AUTORES: “La Institución Libre de Enseñanza: Su influencia en la cultura española. Homenaje a Francisco Giner de los Ríos celebrado en Ronda en 1998

PAISAJES DE LA SERRANÍA Las Navas

Andrés Rodríguez González Abril 3rd, 2018

PAISAJES SERRANIA

Las Navas


Llanos del Hierro. Carratera de Montejaque al cruce carretera de Sevilla a Ronda

Con el nombre de Nava, Navazo, Naveta y Navasillo se designan en la Serranía de Ronda una serie de  formaciones geológicas propias de las montañas calizas. Son zonas llanas, con suelo arcilloso procedente de la meteorización de las calizas por efecto de la atmósfera, muchas de ellas tienen en la parte central un sumidero por donde se escapa el agua que se acumula en momento de intensas lluvias. Esa agua puede pasar a capas profundas del suelo en forma de aguas subterráneas o salir al exterior formando fuentes o surgencias. También puede ocurrir que el sumidero no exista o se encuentre obstruido y el agua evacue por medio de arroyos. Pueden ser de un tamaño considerablemente grande, técnicamente llamados Poljes o de tamaño más reducido, llamados Dolinas o incluso de muy pequeño tamaño.

En la Serranía los de gran tamaño, verdaderos valles entre altas montañas calizas se les suele denominar “Llanos”, como los del Republicano o Libar, los denominados “Navazos” como el que lleva ese nombre situado en el Cordel de Los Pescaeros, cerca del cruce de Igualeja en la carretera de Ronda a San Pedro de Alcántara son de menor tamaño, algo menores las llamadas “Navas” y “Navetas”, como la Nava de los Pinsapos en la Sierra de Las Nieves. Las de menor tamaño se suelen denominar “Navasillos” como la situada frente a una venta a la que da nombre en la carretera antes nombrada.

Esos llanos eran cultivados en los tiempos pretéritos cuando los terrenos albergaban una población que se dedicaba fundamentalmente a la ganadería y obtenía unos escasos cereales en los menguados terrenos que se podían cultivar. Es digno de resaltar como en las cercanías de muchos de estos llanos o navas aún se encuentran los restos de las eras donde se trillaba y se obtenían los cereales.

CABAÑUELAS DE ABRIL 2018

Andrés Rodríguez González Abril 1st, 2018

CABAÑUELAS DE ABRIL 2018

Abril, al cuco has de oír.

Dicen las Cabañuelas de mí pueblo, Garbayuela, aplicadas a la Serranía de Ronda que la primera quincena seguirá la tendencia en cuanto a lluvias que venimos teniendo, con precipitaciones abundantes si bien las temperaturas se irán elevando paulatinamente y los fríos pasaremos a considerarlos como algo pasado. La segunda quincena será de pocas precipitaciones y temperaturas muy agradables y mucho más templadas. Una quincena tipicamente primaveral donde veremos una explosión de vida que supone esta hermosa estación.