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FAUNA DE LA SERRANIA DE RONDA Mirlo Tordus merula

Andrés Rodríguez González Septiembre 28th, 2018

FAUNA DE LA SERRANIA DE RONDA

Mirlo Tordus merula

Es uno de los pájaros más conocidos y extendidos por la Península Ibérica.

Su  longitud llega a los 24-25 cm, su envergadura de entre 34 a39 cm

Se trata de un Tordo (Túrdido) de mediano tamaño y con aspecto muy característico. De tonos uniformes y oscuros, el macho luce color negro, con el pico y el anillo alrededor del ojo anaranjados, mientras que la hembra es marrón oscura por arriba con tintes marrones rojizos en el pecho y mentón gris rallado con el pico amarillento o parduzco. Los jóvenes son algo moteados hasta la muda otoñal, Exhibe un vuelo ágil y directo, frecuentemente a baja altura, entre matorrales y zonas de vegetación enmarañada. Posado en el suelo, anda a saltos y corre a trompicones, cuando se para muestra una pose muy erguida. Cuando se asusta mueve su larga cola. Cuando está asustado levanta y mueve su larga cola; el estornino pinto, que coincide con él sobre el césped y en los jardines, se puede parecer en forma y color para los observadores no expertos, se diferencia porque mientras el estornino pinto anda continuamente y sin descanso, el mirlo lo hace a trompicones o a saltos.

Su canto es aflautado y melódico, resulta muy agradable y melancólico. Consiste en una larga sucesión de estrofas breves y variadas, con un típico final agudo. Esta es una de las aves que más tempranamente comienzan a cantar, los machos a veces ya desde finales del invierno. Tiene un reclamo de alarma particular, compuesto por una sucesión de notas agudas, emitidas de forma acelerada y subiendo de tono. Cuando se levanta espantado, lanza un cacareo muy característico como señal de alarma.

Vive en bosques frondosos y de coníferas con suelo húmedo, pero también en setos, jardines y grandes parques. Existe una gran diferencia de comportamiento entre los mirlos “urbanos” y los “campestros”. Estos últimos son muy esquivos mientras que los de ciudad a pesar de ser precavidos y desconfiados, toleran el bullicio de coches y personas a su alrededor.

En las zonas urbanas existen mirlos que tienen manchas blancas en su plumaje, son los denominados “albinos parciales” mientras que los totalmente blancos, “albinos totales” que además tienen los ojos rojos, son muy escasos.

El comportamiento de los mirlos urbanos es bastante anormal, unos no participan en la crianza de sus pollos, otros intentan incubar en invierno. Se dan casos de mirlos que crian en jardines que llegan a comer de la mano de personas.

En tiempos pasados eran migratorios pero con el crecimiento de las ciudades se fue haciendo sedentario estando presente durante todo el año en la Península Ibérica. A veces se intercambian poblaciones entre la ciudad y el campo y viceversa, un aspecto de su comportamiento poco estudiado.

A finales de invierno o principios de primavera ya se oye la canción completa del mirlo. Si no fuera tan corriente, los pajareros la considerarían como una de las mejores melodías emitidas por un pájaro europeo, superior incluso a la del ruiseñor.  Lo cierto es que el canto del mirlo es considerado por muchos expertos como el más musical, insuperable en riqueza de melodías y en armonía.

La actividad sexual de las aves es gobernada por lo largo de los días. Con esto se explica que en las grandes ciudades, casi siempre iluminadas, se pueda oír el canto del mirlo incluso en medio de una noche de invierno, un curioso contraste para una civilización y un ambiente opuestos a la vida natural. El mirlo canta con mayor brío en los días de llovizna y en los crepúsculos matutino y vespertino.

La pareja de mirlos ocupa un territorio durante la época de cría, no tolerando en él la presencia de ningún otro mirlo. El que no lo abandona es agredido y expulsado. Los machos que pelean están tan obcecados que pierden la noción de la realidad que los rodea, y con la mano se pueden coger con facilidad. Más de una vez ha ocurrido que aparece un azor y se los lleva a los dos. A veces el mirlo tiene un comportamiento pendenciero hasta poner en claro cuál es el pájaro dominante. En ocasiones se agota luchando contra su imagen que él ha advertido en un espejo, en un cristal o sobre el tapacubos cromado de la rueda de un coche

El nido tiene forma de taza, recubre su interior con una capa de tierra y el exterior con una de tallos. Más de un ama de casa ha visto cómo los mirlos para construir su nido cogen la tierra húmeda de los tiestos de flores recién regados. El nido suele situarse bajo, visible, como al azar, sin protección alguna en árboles pequeños, setos, incluso en balcones, entre jardineras o bajo el techo de un invernadero. Normalmente incuba la hembra en solitario los 3 a 6 huevos de cada puesta; el macho la releva raras veces. La incubación dura de 11 a 14 días. Los polluelos permanecen en el nido unos 12 ó 13 días, abandonándolo cuando apenas pueden volar. Durante otros 14 días siguen suplicando comida con gritos estridentes. Hacen dos o tres puestas al año

El mirlo común es insectívoro a veces, se especializa en la captura de lombrices, que descubre y saca con habilidad de su agujero, sin que se le rompan. En la época de las frutas, el mirlo las consume, por lo que muchos jardineros lo ven mal, olvidando el bien que hace al consumir insectos y gusanos. Es inútil matar a un mirlo en estos lugares, porque enseguida acudirán los mirlos de los territorios vecinos. Lo mejor es cubrir los frutales o los cultivos de fresas con redecillas fáciles de encontrar en los comercios especializados en jardinería

Bibliografía

https://www.seo.org

https://www.faunaiberica.org